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Por Mauricio De Miranda Parrondo
Cali.- No he querido comentar algo acerca del programa televisivo «Cuadrando la Caja», dedicado a la producción de alimentos, hasta verlo completo. Hoy lo vi. No quise hacer un comentario solo por los cortos que se convirtieron en virales en las redes sociales en los que se ve a un «doctor en ciencias» criticar al pueblo cubano porque «nos acostumbramos a comer mucha papa y la papa no es originaria de Cuba y… costaba más producirla que su precio de venta» (lo cual dicho sea de paso no tiene sentido en una economía que funcione normalmente). Este «doctor» también sugirió que los cubanos «comemos demasiado arroz y no somos asiáticos».
En medio del desparpajo de semejantes afirmaciones que parecen condenar al cubano por sus hábitos de consumo en un tiempo en el que SE PASA HAMBRE EN CUBA -así, con mayúsculas-, en las redes pasó inadvertida la afirmación del otro invitado, representante de la agroindustria, que deslizó que no «cabría más remedio» que vender algunos productos en dólares en el mercado interno para «recaudar» (ahí está persistente, la idea de extracción de rentas de la sociedad que como está ya no tiene casi nada que extraer y de sus familiares en el exterior) las divisas para adquirir los insumos necesarios para relanzar la industria alimenticia. Una justificación más para la dolarización que marcha a pasos de gigante por nuestro empobrecido país. Claro, la dolarización del consumo, no de los ingresos de los trabajadores y jubilados.
No me voy a tomar el trabajo de analizar estas afirmaciones porque otros economistas y profesores lo han hecho en sus muros respectivos. En algunos casos con cifras y mayor sustento académico que el doctor de marras y en otros insistiendo en la necesidad de volver a nuestra historia económica. En ellos se demuestra el carácter disparatado de las afirmaciones mencionadas.
Yo abordaré el tema desde otra perspectiva, para no repetir. Este programa es una muestra más del nivel de irrespeto que los medios de comunicación oficiosos cubanos, regidos -al igual que los oficiales- por el Departamento Ideológico del Comité Central del PCC, sienten por nosotros, los cubanos. Nos irrespetan y nos desprecian porque se lo hemos permitido; porque hemos callado; o cuando más burlado (por esa preferencia por el choteo de la que hablaba Jorge Mañach y sobre la que también escribió Don Fernando Ortíz) de la sarta de estupideces con las que nos han tratado de embaucar para esconder su ineptitud, expresada en una crisis estructural devenida debacle.
Nunca olvidaré el pasaje en el que Fidel Castro le cuenta a Gianni Miná en su entrevista convertida en libro, cómo cocinaba él la langosta que pescaba. Y eso, por supuesto, ocurría después de que destruyera la ganadería cubana con los cruces que recomendó André Voisin y supuestamente darían más leche y más carne y dieron menos, además de desaparecer razas de ganado vacuno ya aclimatadas en Cuba (en 1958 habían alrededor de 6,7 millones de cabezas de ganado vacuno y alrededor de 6,9 millones de cubanos); ordenara la siembra de café en El Cordón de La Habana, mientras los campesinos -que siempre son los que saben- dijeran que allí no se daría el café y no se dio; ordenara la remoción de árboles frutales para sembrar caña para el absurdo que fue la Zafra de los Diez Millones, en la que se produjeron 8,5 millones a costa de la reducción en la producción de viandas, frutas y vegetales que afectaron la oferta nacional de alimentos para los cubanos. Años después, sería él mismo quien ordenaría la reducción de la siembra de caña y el cierre de la mitad de centrales azucareros y comenzó el desplome de la agricultura cañera y de la industria azucarera y de todo el complejo socio-económico que durante siglos se construyó en torno a esta industria. Esto para no hacer referencia a la masa cárnica y el picadillo de soya. Estos son solo algunos ejemplos.
¿Y después de todos esos disparates que han tenido impactos negativos en la agricultura cubana y, por tanto, en el nivel de vida de los cubanos, y que tienen a Una Persona como principal responsable porque Él era El Estado, El Partido, El Gobierno y Todo lo Demás, pero no era el único porque todos los que tenían la responsabilidad de hablar, callaron y asintieron, le vamos a permitir a alguien que nos diga que tenemos malos hábitos de consumo, cuando muchos cubanos se acuestan sin comer?
Basta ya de inmoralidad y desvergüenza.