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La noche que Coppola cruzó la línea: el terror real detrás de la escena del caballo

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El actor nunca supo que Francis Ford Coppola usaría una cabeza de caballo real.

Durante el rodaje de El Padrino, John Marley asumió que la escena más perturbadora de la película se resolvería con un simple accesorio de utilería. Una cabeza falsa. Plástico. Algo desagradable, pero inofensivo.

Coppola tenía otros planes.

En su diario escribió una frase que lo resume todo: “Si el público no salta de sus asientos con esta escena, hemos fracasado.”

Para lograrlo, decidió cruzar una línea. Un asistente fue enviado a una planta de alimentos para perros. Allí consiguieron la cabeza real de un caballo de carreras que había sido sacrificado por causas ajenas al rodaje. Aún fresca. Aún real.

La llevaron al estudio dentro de una caja refrigerada.

Durante la noche, mientras John Marley dormía, el equipo colocó la cabeza real bajo las sábanas, junto a su cuerpo, exactamente donde él esperaba encontrar un objeto falso al despertar.

Cuando se dio la orden de rodar, nadie le advirtió nada. Marley despertó, miró hacia abajo… y gritó.

No actuó. No exageró y tampoco fingió. El terror fue auténtico.

La cámara siguió grabando mientras el actor perdía el control, manchándose de sangre y pánico genuino. Coppola no cortó. Sabía que había capturado algo irrepetible.

Esa escena se convirtió en una de las más icónicas y perturbadoras de la historia del cine. Hoy, la cabeza utilizada en el rodaje se conserva como pieza histórica y se exhibe en el Museo de los Premios de la Academia en Los Ángeles.

Coppola no buscaba comodidad. Buscaba verdad. Y la consiguió… aunque el actor jamás lo olvidó.

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