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Son las mismas personas. Treinta años de distancia entre una foto y otra. Y, sin embargo, parecen dos mundos distintos.
La mujer es Nguyễn Thị Kim Lai, guerrillera vietnamita. El hombre es William Andrew Robinson, piloto estadounidense.
La primera fotografía fue tomada en 1965.
Ese día, Robinson pilotaba un avión de combate que atacaba la pequeña ciudad de Hương Khê, en la provincia de Hà Tĩnh. Su aeronave fue derribada por combatientes locales. Intentó huir. No lo logró. Fue capturado por Nguyễn Thị Kim Lai.
La imagen muestra un contraste brutal: el cuerpo frágil de la guerrillera frente al piloto derrotado, exhausto, vulnerable. Ese contraste llamó la atención del fotógrafo Phan Thoan, que capturó el momento sin saber que estaba creando una de las imágenes más icónicas de la guerra de Vietnam.
En ese instante, eran enemigos. Uno había venido a bombardear. La otra defendía su tierra.
Años después se supo un detalle que cambia la lectura de la imagen. Robinson confesó que, durante el enfrentamiento, tuvo la oportunidad de dispararle a Nguyễn. No lo hizo. Dijo que, al verla, pensó en su hermana. Decidió bajar el arma. Ella también reconocería más tarde que, de haberlo matado, probablemente habría sido ejecutada por los compañeros del piloto en el combate posterior.
La vida de ambos pendió de una decisión silenciosa. La segunda fotografía fue tomada en 1995.
Robinson regresó a Vietnam acompañado por un equipo de televisión japonés. Quiso reencontrarse con la mujer que lo había capturado treinta años antes. Cuando se vieron, no hubo reproches ni gestos tensos. Hubo sonrisas.
Bromearon.
Robinson comentó que ella seguía siendo tan pequeña como entonces. Nguyễn respondió riendo que había engordado seis kilos, alcanzando los 43, aunque aclaró que eso no era nada comparado con los más de 150 kilos de él.
En la imagen ya no hay vencedores ni vencidos. Solo dos personas que sobrevivieron. Dos vidas atravesadas por la guerra y suavizadas por el tiempo.
La primera foto habla de violencia, miedo y destino. La segunda habla de memoria, humanidad y reconciliación. A veces, la historia no se cierra con un disparo ni con una victoria. A veces, se cierra con una sonrisa treinta años después.