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La miseria disfrazada de discurso oficial

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Por Anette Espinosa

Santiago de Cuba.- Hay textos que informan. Y hay textos que insultan como el del periódico Sierra Maestra, de Santiago de Cuba, sobre la distribución de la canasta básica. Este entra, sin discusión alguna, en la segunda categoría. No se puede leer semejante “nota” sobre la distribución de leche en polvo, sardinas y azúcar en Cuba sin sentir que le están viendo la cara de bobo a todo un pueblo que lleva años sobreviviendo —no viviendo— en medio de la escasez más absurda.

https://www.sierramaestra.cu/index.php/item/15345-distribucion-de-productos-de-la-canasta-basica-en-santiago-de-cuba

Hablan de un “donativo” de leche en polvo como si eso fuera un logro. Si garantizarle leche a un niño menor de dos años es una hazaña, entonces recoge y vete. Y lo peor no es eso, lo peor es el nivel de detalle: 1 año, 11 meses y 29 días. Ni un día más. Me imagino que para el régimen un niños después de esa fecha deja de alimentarse y vive de tajadas de aire. Tal parece que la miseria también tuviera calendario oficial. Eso no es organización, eso es crueldad burocratizada.

Luego vienen las embarazadas. Tres kilos de leche en polvo, repartidos al estilo «coge tu premio». En Cuba estar embaraza es depender de números a cuenta gotas y nadie lo mira con el verdadero sentido que ello implica. Y mientras tanto, el discurso sigue: “se asegura la distribución», una frase que hace rato dejó de significar algo.

El remate es la lata de sardinas. Una por niño. Tres para embarazadas. Gratuita, dicen, como si eso fuera un regalo y no una obligación básica de cualquier Estado que se respete. Y para cerrar el espectáculo, una libra de azúcar por persona. Una libra. En pleno 2026. Y hay que decirlo sin anestesia: esto no es resistencia, esto es miseria administrada.

Lo más indignante de todo no es la escasez —que ya es grave—, sino la manera en que se comunica. Ese tono triunfalista, esa narrativa de “cumplimiento”, ese intento de vender normalidad donde no la hay. Mientras redactan estas líneas con total desparpajo, hay un país entero haciendo malabares para comer y es ahí donde está el verdadero problema: no solo faltan alimentos, también sobra cinismo.

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