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Por Jorge L. León (Historiador e Investigador)
Houston.- La tesis que expongo parte de una convicción personal basada en el estudio del entramado geopolítico del hemisferio: ahora que Donald Trump ha regresado a la presidencia de los Estados Unidos, se abre la posibilidad real de que ejecute un movimiento estratégico de gran alcance cuyo destino final sería desmantelar el comunismo cubano.
Mi análisis se funda en un principio esencial: el régimen de La Habana no puede sobrevivir sin el sostén venezolano. Por eso considero que la caída de Maduro no sería un evento aislado, sino el detonante que colocaría a Cuba en una crisis terminal.
Lo que sostengo no es una fantasía ni un deseo político, sino la lectura de una realidad histórica evidente. Cuba ha sobrevivido únicamente cuando ha tenido un benefactor externo. La URSS fue el primero. Venezuela, el segundo.
Cuando una de esas fuentes se corta, el castrismo entra en decadencia severa. Cuando ambas desaparecen, la estructura entera queda expuesta a su propia incapacidad. Por eso afirmo que cualquier estrategia seria para afectar al régimen cubano debe comenzar necesariamente por Venezuela.
En mi tesis, Venezuela es la llave energética, financiera y diplomática de la cual se alimenta La Habana. El petróleo subsidiado, el oro que se mueve en circuitos opacos, las transferencias clandestinas, el trabajo conjunto entre las cúpulas militares y los acuerdos secretos firmados en dos décadas han hecho de Venezuela el pulmón de la dictadura cubana. Sin esa conexión, la isla queda desnuda.
Por eso analizo que un golpe político eficaz en Caracas produce un efecto inmediato en Cuba. Ya no se trataría de sanciones, declaraciones o presiones simbólicas, sino de cortar el flujo vital que mantiene en pie a todo el andamiaje del Partido Comunista.
Mi tesis sostiene que un liderazgo como el de Trump, basado en decisiones de gran impacto, puede ver en esta estrategia una oportunidad histórica. El Socialismo del Siglo XXI ha sido uno de los proyectos más corrosivos para la estabilidad del continente, y su centro conceptual y operativo siempre ha sido Cuba. Maduro es, en este sentido, un producto de esa matriz. Caer en Caracas es, para esta visión, derribar la torre que sostiene a La Habana.
Trump ya demostró durante su primer mandato que prefiere acciones contundentes por encima de la diplomacia lenta. Por eso sostengo que esta jugada, de alto retorno simbólico y geopolítico, encaja en su estilo de gobierno.
Desarrollo mi tesis en cuatro fases claramente articuladas, que permiten visualizar cómo esta jugada podría llevarse adelante.
Primera fase: Asfixia total del régimen venezolano
En esta etapa imagino una combinación de sanciones energéticas y financieras reforzadas, aislamiento diplomático y recuperación del frente regional contra Maduro. Con la economía venezolana ya quebrada, un aumento de presión de esta naturaleza la pondría en un punto de no retorno.
Segunda fase: Fisura en la estructura militar venezolana
Mis estudios sobre procesos similares muestran que los regímenes autoritarios caen cuando la cúpula militar pierde cohesión. Con el flujo económico reducido al mínimo, las lealtades se erosionan. Esta sería la fase en que se abren negociaciones, deserciones y acuerdos discretos.
Tercera fase: Ruptura automática con Cuba
Una vez que Venezuela se libere del chavismo, la ruptura con La Habana es inmediata. Esto es parte medular de mi tesis. Cuba perdería el petróleo subsidiado, el apoyo logístico, la protección internacional y la red financiera que ambos regímenes han compartido. Ese corte equivaldría a quitarle a La Habana su mayor soporte.
Cuarta fase: Momento crítico para el régimen cubano
Con Venezuela fuera de su órbita, el castrismo tendría que enfrentarse a la realidad de su propia inviabilidad. La crisis energética se profundizaría, el aparato represivo perdería recursos y la sociedad, ya agotada, estaría ante un régimen cada vez más débil. Esta fase, según mi análisis, generaría divisiones internas que abrirían la puerta a una transición inevitable.
La tesis que expongo se sustenta en un principio histórico: las dictaduras que dependen de recursos externos se desmoronan cuando esa fuente se corta. Cuba no produce, no genera riqueza y no puede sostener su estructura sin un benefactor. Mi visión es que la caída del régimen venezolano provocaría un efecto dominó que alcanzaría a La Habana con fuerza irreversible.
La lógica está en que actuar directamente contra Cuba tiene un costo político internacional mucho mayor. En cambio, actuar en Venezuela tiene viabilidad, legitimidad y coherencia con la degradación democrática ya evidente en ese país. Se combate el narcotráfico.
Conclusión: una visión geopolítica con posibilidades reales
La tesis que presento propone un escenario donde un movimiento audaz desde Washington logra reconfigurar todo el mapa político del continente. Si Venezuela cambia de rumbo, Cuba pierde su columna vertebral. Si Cuba pierde ese soporte, se precipita hacia una crisis que ya no podría contener.
En esa secuencia se encuentra la esencia de la jugada maestra: no atacar directamente al castrismo, sino derribar la estructura que lo alimenta. Una vez que esa estructura caiga, la historia hará el resto.