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Por Oscar Durán
La Habana.- Miguel Díaz-Canel se fue hasta el municipio capitalino del Cerro a jugar a la guerra en la Empresa Frutas Selectas. La noticia, publicada con toda la solemnidad del mundo por la Presidencia de la República de Cuba, parece un meme mal editado: un país sin frutas, una empresa “con buenos resultados productivos” y un presidente hablando de invasiones mientras la gente no tiene qué echar en el plato.
Según la nota oficial, Díaz-Canel recorrió la entidad, conversó con trabajadores y presenció prácticas de armar y desarmar fusiles. Lo acompañaban Esteban Lazo y el ministro de las FAR, Álvaro López Miera, en el contexto del llamado Día Nacional de la Defensa. Afuera, “cubanas y cubanos de varias generaciones” realizaban prácticas combativas, como si el peligro inminente fuera una flota enemiga y no la escasez que se respira en cada cuadra del Cerro.
La escena tiene un simbolismo involuntario. En un municipio donde conseguir frutas es casi un acto de fe, la máxima dirección del país decide montar un ejercicio militar en la sede de Frutas Selectas. Mientras se habla de indicadores productivos y cohesión defensiva, el mercado real funciona con anaqueles vacíos y precios imposibles. Es la Cuba paralela: la del parte oficial y la de la vida cotidiana, que rara vez coinciden.
El discurso, como siempre, apeló a la “Guerra de Todo el Pueblo” y a la necesidad de que cada cubano tenga claridad sobre su misión. Se afirmó incluso que quien se atreva a invadir el terreno cubano encontrará “fuerzas muy hostiles”. Pero el enemigo que más golpea no llega en barcos ni aviones; viene en forma de apagones, inflación y desabastecimiento. Para eso no hubo ni fusiles ni granadas en la práctica.
Al final, lo ocurrido en el Cerro retrata mejor que cualquier consigna la desconexión entre la épica oficial y la realidad. Lazo apenas puede con su propio paso, los participantes ensayan movimientos militares en una empresa sin frutas visibles y el país entero observa la escena como quien mira un chiste repetido. Una nación en crisis, jugando a la guerra en medio del vacío.