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La empresa que electrificó Cuba antes del castrismo podría ser la clave para iluminarla después

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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Cuando se caiga la dictadura en Cuba aparecerá una pregunta inmediata y urgente. ¿Cómo arreglamos el desastre energético del país? ¿Cómo reconstruimos las plantas eléctricas, las redes de transmisión y toda la infraestructura necesaria para que Cuba tenga electricidad estable, sin apagones, con capacidad suficiente para que vuelvan a funcionar las fábricas y pueda comenzar el desarrollo económico?

Creo que tengo la respuesta, y curiosamente esa respuesta está también en la propia historia de Cuba.

Antes de 1959 gran parte del sistema eléctrico cubano estaba operado por la Compañía Cubana de Electricidad. A pesar de su nombre, no era una empresa controlada por el Estado cubano. Era una empresa privada vinculada a capital estadounidense y formaba parte de una de las mayores estructuras eléctricas del mundo en aquella época.

El origen de esa empresa se remonta a 1905, cuando la compañía estadounidense General Electric creó una gran corporación llamada Electric Bond and Share Company, conocida como EBASCO. Esta empresa fue diseñada como una gran holding internacional para financiar, construir y operar sistemas eléctricos en diferentes países. Durante las primeras décadas del siglo XX EBASCO se convirtió en una de las organizaciones energéticas más grandes del planeta.

En 1960 todo cambió

Dentro de ese sistema corporativo surgió la Compañía Cubana de Electricidad, que operaba centrales eléctricas, redes de distribución y buena parte del suministro energético de ciudades importantes como La Habana. Durante la primera mitad del siglo XX Cuba llegó a tener uno de los sistemas eléctricos más modernos de América Latina. La infraestructura que se construyó en ese período fue el resultado de grandes inversiones privadas, ingeniería avanzada y décadas de desarrollo tecnológico.

Todo cambió en 1960, cuando la dictadura cubana aprobó la ley de nacionalizaciones y confiscó numerosas empresas estadounidenses que operaban en la isla. Entre ellas estaba la Compañía Cubana de Electricidad. La empresa fue expropiada sin compensación efectiva a sus propietarios y el sistema eléctrico pasó al control total del Estado. Con el paso del tiempo quedó integrado en lo que hoy se conoce como la Unión Eléctrica de Cuba, que opera una infraestructura deteriorada tras décadas de falta de inversión, mala gestión y tecnología obsoleta.

Mientras tanto, la empresa matriz en Estados Unidos siguió evolucionando. La corporación Electric Bond and Share ya estaba siendo transformada por cambios regulatorios en Estados Unidos. En 1935, el Congreso estadounidense aprobó el Public Utility Holding Company Act, una ley que obligó a desmontar los grandes monopolios eléctricos. Como resultado, EBASCO comenzó a reorganizarse y en 1940 pasó a llamarse EBASCO Industries. Dejó de ser una holding eléctrica y se transformó en una empresa especializada en ingeniería y construcción de proyectos energéticos.

Durante las décadas siguientes EBASCO se convirtió en una de las mayores compañías del mundo en el diseño y construcción de centrales eléctricas, refinerías y grandes infraestructuras industriales.

Las reclamaciones no pueden olvidarse

En 1981, la multinacional energética Halliburton compró la división principal de ingeniería de EBASCO. Más tarde, en 1994, esa división fue adquirida por Raytheon Engineers and Constructors. Posteriormente, en el año 2000, la empresa estadounidense de ingeniería Fluor Corporation compró Raytheon Engineers and Constructors por más de dos mil millones de dólares. Con esa operación, la línea corporativa histórica que comenzó con Electric Bond and Share terminó integrada dentro de Fluor, una de las mayores empresas de ingeniería y construcción de infraestructura energética del mundo.

Existe además un aspecto legal fundamental que no puede ignorarse. Las propiedades confiscadas en Cuba, incluyendo la Compañía Cubana de Electricidad, fueron registradas como reclamaciones certificadas por el gobierno de Estados Unidos a través de la Foreign Claims Settlement Commission. Estas reclamaciones documentan oficialmente las pérdidas sufridas por ciudadanos y empresas estadounidenses cuando la dictadura cubana confiscó sus activos en 1960.

Además, bajo la Ley Helms Burton, especialmente a través del Título III, los propietarios originales o sus sucesores pueden reclamar judicialmente por el uso o explotación de esas propiedades confiscadas. En una Cuba libre este tema inevitablemente tendrá que resolverse.

Si yo formara parte de un nuevo gobierno cubano, mi posición sería clara. En lugar de ver estas reclamaciones como un conflicto, deberían verse como una oportunidad estratégica. La empresa que históricamente estuvo vinculada a la infraestructura eléctrica cubana tiene experiencia global en ingeniería energética y la capacidad técnica para reconstruir rápidamente un sistema eléctrico moderno.

Llegar a un acuerdo con una gran empresa estadounidense heredera de esa línea corporativa sería no solo reconocer un derecho histórico, sino también aplicar la solución más lógica para resolver el colapso energético del país.

Muchas opciones, pero no con pequeñas reformas

Un acuerdo de reconstrucción energética podría incluir incentivos razonables que faciliten una inversión masiva en infraestructura. Entre ellos podrían contemplarse períodos de impuestos reducidos o exenciones fiscales temporales hasta recuperar la inversión inicial. También podrían otorgarse concesiones para desarrollar y operar plantas eléctricas modernas, acceso prioritario a terrenos estratégicos para la construcción de centrales energéticas, participación en proyectos de modernización de la red eléctrica nacional, contratos de operación a largo plazo para garantizar estabilidad financiera y esquemas de asociación público privada que permitan acelerar la reconstrucción.

También podrían incluirse incentivos para proyectos de energía moderna como gas natural, energías renovables, almacenamiento energético y modernización de redes inteligentes, permitiendo que Cuba dé un salto tecnológico directo al siglo XXI.

Lo importante es entender algo fundamental. El problema energético de Cuba no se resolverá con parches ni con pequeñas reformas. Requiere inversión masiva, tecnología avanzada y empresas con experiencia en reconstruir sistemas energéticos completos. El mismo tipo de empresas que en el pasado ayudaron a construir la infraestructura eléctrica de la isla.

La ironía histórica es evidente. La solución al desastre energético de Cuba puede encontrarse en la misma historia de la empresa que una vez electrificó el país antes de que la dictadura destruyera ese sistema.

Reconstruir el sistema eléctrico será una de las primeras condiciones para que una Cuba libre vuelva a encender su economía. Sin electricidad estable no hay fábricas, no hay industria, no hay desarrollo y no hay prosperidad. La energía es siempre el punto de partida de cualquier país que quiere avanzar. Cuba no será la excepción.

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