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Por Eduardo Díaz Delgado ()
Que haya cubanos preocupados diciendo que Otaola lucra con el dolor del pueblo, y no quieran hablar del Cangrejo, que vive a expensas de ese mismo dolor. Sandro Castro se hizo rico con el dinero que nunca se gastó en el pueblo, y al que le da igual ese sufrimiento. Esto solo se entiende en un estado de adoctrinamiento tremendo.
Esa gente que no quiere hablar de Raúl Castro, de Díaz-Canel, de la política del país que es la que realmente causa el dolor al pueblo, pero que sí se ponen a señalar al otro allá —que lo único que hace es denunciar, a su manera—, demuestra que el problema no es Otaola, sino un pueblo idiotizado por años de adoctrinamiento.
Por eso las redes sociales y el intercambio entre cubanos han ido despertando a mucha gente. Aun así, todavía quedan los que atacan a un tipo que, sin usar un solo centavo del presupuesto público de Cuba. Ha sabido ganarse la vida con su contenido, sea como sea, mientras miran para otro lado ante los que de verdad roban el dinero del pueblo. Viven financiados con fondos públicos.
Ese dinero nunca va a escuelas, ni a calles, ni a la agricultura, ni a la industria, ni a desarrollar el país. Pero sí se usa para pagar a propagandistas. Y esos, los que sí son mantenidos por el presupuesto público, no preocupan a nadie. Ni su honor, ni su interés, ni nada. No, no, no.