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Por Max Astudillo
La Habana.- Cuba volvió a hacer el ridículo internacional con la solemnidad de siempre. Ante uno de los golpes más duros de su historial reciente, el régimen decidió disfrazar una tragedia militar de epopeya revolucionaria. Treinta y dos militares cubanos murieron en Caracas durante la operación estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro, y La Habana reaccionó como sabe: marchas obligatorias, discursos huecos y lágrimas de utilería frente a la embajada de Estados Unidos. Mucho duelo oficial, mucha consigna gastada y cero autocrítica. El muerto, como siempre, sirve para propaganda.
Pero mientras en Cuba se tocaban tambores fúnebres y se hablaba de “heroísmo” y “soberanía”, en Caracas pasaba algo que desmonta todo el teatro. Delcy Rodríguez, heredera accidental del poder chavista, se sentó tranquilamente con el director de la CIA. Sin consignas, sin gritos, sin pancartas. Una reunión seria, pragmática, de esas que se hacen cuando el poder real está en juego y el discurso ideológico estorba. Venezuela entendió rápido el nuevo tablero. Cuba, no.
En La Habana, en cambio, Miguel Díaz-Canel salió a encabezar movilizaciones cuidadosamente organizadas para la foto. Denunció al “imperialismo”, llamó a la unidad y repitió el mismo guion rancio que ya no convence ni a los militantes del núcleo del Partido. Los militares muertos fueron elevados a mártires mientras el país seguía apagado, hambriento y vigilado. El régimen necesitaba ruido, épica, algo que desviara la atención del fracaso monumental de su política exterior.
La contradicción es grotesca: Cuba marchando como si estuviera en guerra, y Venezuela negociando como quien quiere sobrevivir. El supuesto aliado estratégico abre canales con Estados Unidos, mientras la isla se queda atrapada en el teatro del odio y la confrontación. La retórica de resistencia choca de frente con la realidad: nadie está dispuesto a hundirse con Cuba. Ni siquiera aquellos por los que mandaron a morir a 32 soldados.
El resultado es un papelazo histórico, y confieso que me alegra. Cuba llora muertos, mientras los verdaderos jugadores mueven fichas en silencio. Honran cadáveres mientras pierden influencia, poder y respeto. Que Maduro haya sido capturado con costo cubano y que, al mismo tiempo, Caracas dialogue con Washington es la prueba definitiva de que la revolución quedó hablando sola. Mucha marcha, mucha lágrima y mucha consigna… pero nadie los está siguiendo.