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Por Germán Díaz
Holguín.- Aunque usted no lo crea, en Holguín se celebró el Día del Trabajador Eléctrico. Sí, leyó bien. En la misma provincia donde los apagones son una rutina diaria, donde la corriente va y viene como un visitante incómodo y donde la vida se organiza alrededor del horario del corte, el régimen decidió sacar la tarima y aplaudir. Probablemente el reconocimiento venga acompañado de un diploma, un racimo de plátanos y cuatro refrescos Zuko, pero el problema no es el premio miserable, sino la desfachatez de celebrar justamente lo que peor funciona en el país.
Según la nota oficial, la Empresa Eléctrica Holguín desarrolla una jornada “llena de actividades”, con exposiciones, encuentros, recorridos turísticos y galas solemnes. Todo muy bonito sobre el papel. Se habla del legado de Fidel Castro, del compromiso inquebrantable de los trabajadores y de décadas de servicio, mientras la población sigue contando las horas sin luz y durmiendo a golpe de abanico. Es una puesta en escena perfecta: recordar la historia, invocar al Comandante y evitar, cuidadosamente, mencionar el desastre presente.
Resulta insultante que se organicen recorridos por lugares turísticos y actos en teatros del Partido, cuando hay hospitales funcionando a medias, ancianos pasando calor infernal y familias que no pueden conservar un poco de comida en el refrigerador. Se reconoce a municipios “destacados” en indicadores que nadie entiende ni siente en la vida real. Porque si Banes es un ejemplo de eficiencia eléctrica, que alguien explique por qué allí también se va la corriente como en el resto de Cuba.
Aquí no se trata de culpar al trabajador de base, que bastante hace con sobrevivir en un sistema colapsado. El problema es premiar la ficción, aplaudir el fracaso y convertir la precariedad en motivo de celebración. En un país normal, el Día del Trabajador Eléctrico se festeja cuando hay electricidad estable. En Cuba, se celebra aunque el país esté a oscuras. Esa es la verdadera desconexión: no la del servicio, sino la del régimen con la realidad de su gente.