Enter your email address below and subscribe to our newsletter

La democracia empieza cuando la prensa incomoda

Comparte esta noticia

Por Oscar Durán

La Habana.- Nunca me he tragado el cuento de Gabriel Boric. Un tipo que hoy amanece abrazando una causa y mañana aparece guiñándole el ojo a la contraria. En política eso tiene un nombre: oportunismo. Y en América Latina hemos visto demasiados líderes que hablan como revolucionarios por la mañana y gobiernan como burócratas por la tarde. Por eso, a muchos —entre los que me incluyo— Boric nunca nos terminó de convencer. Demasiado zigzag para un país que necesita rumbo.

Sin embargo, hay frases que, cuando se dicen, merecen ser reconocidas aunque vengan de quien vengan. En su entrega de mando soltó una que, al menos por un instante, sonó como debe sonar la democracia: que «la prensa tiene que incomodar al poder.» No acariciarlo. No servirle café. Incomodarlo. Porque cuando los medios dejan de incomodar, lo que queda no es periodismo, es propaganda.

Y esa es una verdad incómoda para muchos gobernantes latinoamericanos, que adoran la libertad de prensa… siempre y cuando esa libertad no los critique a ellos. Cuando el periodista aplaude, es “responsable”. Cuando cuestiona, es “golpista”. Cuando investiga, es “operador político”. Ese manual lo conocemos de memoria en esta parte del mundo. Por eso escuchar a un presidente admitir que el poder debe ser incomodado resulta, como mínimo, refrescante.

Más curioso todavía es el otro gesto: pedir perdón. En un continente donde los presidentes rara vez se equivocan —al menos según ellos mismos— ver a uno reconocer errores provoca sorpresa. Chile lleva años siendo presentado como un faro económico en la región, un país que, con todos sus problemas, logró construir estabilidad donde otros acumularon caos. Y aun así, su presidente se despide pidiendo perdón. Algo que en otras latitudes sería considerado casi un acto revolucionario.

Al final, la política tiene estas ironías. Puedes no soportar a un gobernante, puedes cuestionar su coherencia o su rumbo, pero de vez en cuando aparece una frase que vale la pena rescatar.

Si los medios no incomodan al poder, la democracia se vuelve decoración. Y cuando la democracia se vuelve decoración, lo que viene después —la historia de Cuba lo demuestra— nunca termina bien.

Deja un comentario