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La Demajagua reconoce que el incendio en Guisa pudo haber sido incitado

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Por Oscar Durán

Guisa.- El incendio ocurrido en el Ranchón del Mirador, de Guisa, no es solo la pérdida de una instalación gastronómica levantada con guano y madera. En Cuba, cuando algo arde, casi siempre termina ardiendo también la verdad.

Esta vez, curiosamente, la propia prensa oficial, a través de La Demajagua, ha dejado escapar una frase que lo dice todo. El hecho pudo haber sido incitado y en el lugar aparecieron carteles contra la dictadura. En un país donde cualquier cartel incómodo suele desaparecer antes de que amanezca, la simple admisión de su existencia resulta más reveladora que el incendio mismo.

El Mirador de Guisa, inaugurado en 1983 y convertido durante décadas en un punto simbólico del municipio, no era solo un restaurante en lo alto de una montaña. Además, era uno de esos pocos espacios donde todavía se podía respirar algo parecido a normalidad dentro de una isla que vive entre apagones, escasez y discursos vacíos.

Que las llamas hayan comenzado alrededor de las 5:30 de la mañana, en plena oscuridad eléctrica, no deja de ser una imagen casi perfecta de la Cuba actual. Por eso, es un país a oscuras donde cualquier chispa se convierte en fogata.

Las autoridades explicaron que el fuego se expandió con facilidad por tratarse de una construcción tradicional de guano y madera. Puede ser cierto. Pero también es cierto que en Cuba todo es frágil: las casas, las instituciones y hasta la paciencia de la gente.

Cuando un lugar simbólico termina reducido a cenizas, no basta con hablar de materiales combustibles. Hay que hablar también de un ambiente social que lleva años acumulando calor.

Lo interesante es que la narrativa oficial apunta rápidamente hacia la “propaganda contrarrevolucionaria”. Es como si unos carteles fueran más peligrosos que la miseria diaria que vive el país.

En vez de preguntarse por qué alguien siente la necesidad de colgar un cartel contra el sistema, prefieren buscar culpables en el acto mismo. Es el mismo reflejo de siempre: apagar el fuego, pero nunca revisar el combustible que lo provoca.

Mientras tanto, los bomberos lograron controlar el incendio alrededor de las siete de la mañana y las autoridades ya hablan de recoger escombros y evaluar la recuperación del lugar. Eso está muy bien, aunque hay algo que será más difícil de reconstruir que el Ranchón del Mirador. Es la confianza de un pueblo que cada día ve cómo se derrumba un pedazo más de su país.

En Cuba, cuando algo se quema, casi nunca es solo un edificio. A veces es también una señal de que el país entero está empezando a arder.

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