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Por Duber Piñeiro ()

La Coruña.- La situación que vive Cuba hoy no es un fenómeno nuevo ni comenzó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela el pasado 3 de enero. La crisis social y económica cubana lleva años gestándose y profundizándose.

Temas tan graves y delicados como la escasez de medicamentos, la ausencia de gas para cocinar, de combustible para uso particular, así como la inexistencia de transporte interurbano en muchas provincias, son fenómenos que acompañan al pueblo cubano desde hace años y nada tienen que ver con el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su política contra la isla.

Nada de lo mencionado es reciente; todo es la sumatoria y el agravamiento de carencias estructurales que arrastra el país desde hace mucho tiempo.

La crisis energética, por ejemplo, no empezó en los últimos meses: los apagones comenzaron a extenderse incluso a La Habana en septiembre de 2020. Ya en 2022 la cosa fue a peor, tras el incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas en agosto, que destruyó gran parte de la reserva de combustible del país; mientras que, en septiembre, el huracán Ian provocó un apagón casi total en la isla.

Los años siguientes fueron a peor y en octubre de 2024, la salida de servicio de la termoeléctrica Antonio Guiteras causó una desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) que duró varios días. Estos apagones totales se repitieron en noviembre y diciembre de 2024 y a principios de 2025. Algo que volvió a pasar, al menos de manera parcial, en Oriente y Occidente en varias ocasiones.

Déficit constante

La falta de combustible para las plantas, las infraestructuras obsoletas y la ausencia de inversiones durante décadas han tenido como consecuencia una disminución considerable de la generación eléctrica. Por todos estos motivos, el déficit energético ha sido una constante y ha impactado directamente en los hogares, los servicios básicos y la producción, mucho antes de cualquier acontecimiento reciente.

Recordemos que no fue hasta el 29 de enero de este año que Trump firmó la orden ejecutiva que permite a Estados Unidos imponer aranceles a las importaciones de países que suministren petróleo a Cuba.

Lo cierto es que las sanciones impuestas por la Administración de Trump y los sucesos en Venezuela han potenciado que en este 2026 la crisis energética haya alcanzado niveles récord: se han reportado apagones que pueden afectar simultáneamente a más del 60 por ciento del país, con cortes prolongados, incluso por más de 50 horas en algunos lugares, que dificultan no solo la vida cotidiana, sino también el funcionamiento de servicios esenciales.

Ahora se habla de que no hay transporte, pero es también un tema viejo. En la Cuba revolucionaria siempre ha habido problemas con el transporte, y están las evidencias fílmicas de los noticieros ICAIC. Desde la pandemia se suspendieron numerosos servicios, principalmente en las provincias, las que pasaron a contar solo con transportistas particulares para cubrir las rutas que el aparato gubernamental dejó desatendidas.

Caos generalizado

Actualmente, la paralización casi completa del transporte urbano en la capital y otras ciudades tiene una mayor repercusión al dejar a un mayor número de población sin opciones.

También hay problemas con los hospitales y servicios de salud, que enfrentan recortes drásticos por falta de recursos y energía, pero eso no es un fenómeno nuevo: es algo que se viene arrastrando desde hace muchos años y se agravó con la pandemia. A esto se suma que en la actualidad algunas cirugías han sido suspendidas y se reducen servicios médicos no urgentes, en un intento por administrar recursos cada vez más exiguos.

La escasez de medicinas, alimentos básicos y otros insumos esenciales ya no es ocasional, sino persistente, lo que obliga a las familias a buscar alternativas en mercados informales o a depender de remesas y ayuda externa.

Otro de los baluartes de la revolución, la educación, también está en horas bajas, pues a la falta de electricidad, transporte y materiales —que merman la calidad de la enseñanza— se suma una migración creciente de docentes y jóvenes que buscan mejores oportunidades fuera de la isla.

Los problemas no son de ahora

El embargo estadounidense es real y existe; las presiones implementadas por Estados Unidos exacerban la situación, sí, pero la gran mayoría de los problemas que vive la población cubana —no sus dirigentes— son problemas que llevan ya décadas sin resolverse.

La crisis económica, la incapacidad de modernizar infraestructura clave, la dependencia de importaciones para bienes básicos y un modelo productivo estancado son factores que vienen afectando al país desde mucho antes de cualquier administración estadounidense reciente ni de eventos exteriores.

Por eso no es creíble el discurso que intenta explicar la situación actual como consecuencia exclusiva de decisiones externas recientes; es necesario recordar que la realidad cotidiana de millones de cubanos es el resultado de un proceso acumulado de fallos estructurales y de mala gestión económica persistente en la que destaca el ordenamiento y sus reordenamientos, que dispararon la inflación a números impensables.

La gente vive hace años sin transporte, sin medicinas, sin alimentos, sin gas, sin electricidad. No es algo nuevo: estas carencias son parte de un deterioro que ha venido creciendo y que hoy se ha hecho mucho más agudo y visible, con consecuencias profundamente humanas y sociales.

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