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Hay miles de «noticias» acerca del cierre de entrada de combustible al país y el recrudecimiento de los apagones. Ayer en La Habana fue épico: la mayor parte del día estuvimos a oscuras, incluyendo un apagón de doce horas de pegueta.
Aunque parece indicar que responde a presiones de Trump, de cualquier manera es producto de la poquísima capacidad de compra de crudo en el mercado internacional. No le den más vueltas: el quilo no tiene vuelto.
Es cierto que hay muchas medidas de EE. UU. que apuntan a entronizar la crisis. Llámenle bloqueo, embargo o simplemente medidas. Es un hecho. Y es un hecho que es el resultado de una posición frontal de la política cubana respecto a las demandas de ese gobierno. Y ahí va un paquete completo que abarca desde el apoyo a los movimientos de izquierda (no de apoyo verbal, sino logístico), hasta el unipartidismo, pasando por el asilo de personas buscadas por la ley tanto en EE. UU. como en otros países.
La escalada de respuestas y contrarrespuestas es larga. Abarca casi los 67 años.
Sin dramatismo superfluo (aunque es dramático): hay gente muriendo y enferma producto de la pésima alimentación, la falta de higiene y de medicinas. La situación, que venía en caída, es ahora (en términos de aviación) una barrena. Nunca pudo la economía de «revolución» caminar por sus propios pies y, lejos de tomar pasos que impidieran una deformación estructural, simplemente se aplicaron medidas que la hicieron más profunda.
Sigue habiendo una parte de la población que apoya el estado actual de cosas. Por necesidad, por doble moral o porque, sencilla y llanamente, creen en la posibilidad de recuperación. Esa no es toda la población ni mucho menos. Y la realidad es que vivimos una sociedad de desigualdades donde coexisten ricos y muy pobres. No es lo que se conoce por sociedad justa.
Por esta ruta no le veo salida. Por el contrario (y es de hace tiempo que lo dije), solo vamos a mayor deformación económica, menos posibilidades de recuperación y más amplias capas en la miseria.
Los apagones impiden producir; sin producción no hay desarrollo; sin desarrollo no hay dinero; sin dinero no hay posibilidades de compra en el mercado internacional.
Soy tan opuesto a la violencia explícita como a la que implica la pobreza y la falta de porvenir. ¿Qué queda? ¿El holocausto?