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Por Yeison Derulo
La Habana.- Alexis Leiva Machado, Kcho, un tipo del que ya nadie habla, es uno de esos productos bien acabados del castrismo: un ser que en Cuba juega a ser artista, millonario y patriota de cartón, todo al mismo tiempo, sin despeinarse.
Desde la comodidad de su vida resuelta —esa que no tienen los cubanos que dicen “Cuba es mi mamá” mientras hacen colas interminables—, el pintor decidió desbordarse en Facebook a punta de consignas groseras, insultos de solar y una valentía verbal que solo florece cuando el estómago está lleno y la cuenta bancaria blindada.
Hablar de Kcho como “revolucionario” es un chiste malo. Es un vive bien del sistema, un hijo mimado del comunismo que jamás ha pasado una noche sin corriente, ni ha tenido que elegir entre comer o comprar un antibiótico.
Su abstracto —sobrevalorado, repetitivo y sostenido más por la ideología que por el talento— le ha servido de pasaporte a una vida de privilegios que el cubano de a pie ni sueña. Desde ahí, desde esa burbuja, es muy fácil multiplicar ovarios, cojones y amenazas épicas contra enemigos imaginarios.
Que ahora insulte a la madre de Rubio, de Trump o de cualquiera que no le rinda pleitesía a su dogma, no sorprende. Es el lenguaje natural del oportunista político cuando se siente respaldado por un poder que nunca le va a pedir cuentas. Kcho no defiende a Cuba: defiende el sistema que lo hizo rico. Cuando dice que “la madre no se toca”, en realidad está diciendo que su negocio no se cuestiona, que su gallina de los huevos de oro no se critica.
Lo más obsceno de su discurso no es la grosería, sino la hipocresía. Cuba no es la mamá de nadie cuando abandona a sus hijos en el mar, los encierra por pensar distinto o los obliga al exilio. Cuba es rehén de una élite, y Kcho forma parte de ella. Un artista genuino incomoda al poder; este lo decora, lo financia y lo exhibe como trofeo. Así de simple.
Al final, Kcho no es más que otro millonario del socialismo tropical jugando a guerrero digital, mientras el país se cae a pedazos. Mucha consigna, mucho pecho inflado y cero riesgo personal. El día que se le acabe el comunismo que lo mantiene, se le acaba también la patria que hoy dice defender con tanta bulla y tan poca vergüenza.