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José Martí no fue un apologista del apagón

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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- La periodista oficialista Aeleen Rodríguez, en uno más de esos ejercicios de manipulación que ya son marca registrada de la televisión cubana, intentó justificar los apagones actuales apelando nada menos que a José Martí. Según su razonamiento, Martí no conoció la luz eléctrica, escribió obras inmortales sin ella y, por tanto, los cubanos de hoy deberían resignarse a vivir a oscuras.

El mensaje es claro: si Martí pudo, tú también. El problema es que el argumento es falso de raíz.

Para empezar, José Martí sí conoció la luz eléctrica. No solo la conoció, sino que la admiró. Martí vivió en Estados Unidos en pleno auge de la revolución tecnológica del siglo XIX y fue testigo directo de los avances científicos de su época. De hecho, escribió un artículo elogiando la electricidad y exaltando el genio de Thomas Alva Edison, a quien reconoció como uno de los grandes innovadores de la humanidad. Martí veía en la electricidad progreso, modernidad y bienestar para los pueblos, no una carencia romántica que debía glorificarse.

Pretender usar a Martí como justificación del atraso energético de Cuba no es solo ignorancia: es una tergiversación consciente de la historia. Martí jamás defendió la miseria ni el sacrificio impuesto como virtud. Todo lo contrario: su pensamiento estaba orientado al desarrollo, a la dignidad humana y al acceso al conocimiento y al progreso material. Usarlo como excusa para normalizar apagones diarios es un insulto a su legado.

Por manipular… hasta a Martí

Pero este tipo de manipulación no sorprende. El castrismo ha hecho de la mentira un método y de la desinformación una política de Estado. Cuando no hay soluciones, se inventan relatos; cuando no hay resultados, se apela al pasado; cuando el presente es un fracaso, se culpa a la historia. Así convierten a Martí en un apagado involuntario de la propaganda oficial.

La realidad es simple y brutal: los apagones no son una elección moral ni un ejemplo de virtud martiana, son la consecuencia directa de décadas de mala gestión, corrupción e incompetencia. Martí no vivió sin electricidad por ideología ni por fracaso de un sistema; Cuba hoy sí.

Manipular a Martí para justificar la oscuridad es otra prueba de que el régimen no solo le ha robado el futuro a los cubanos, sino que también intenta robarles la verdad sobre su pasado. Y eso, incluso para los estándares de la propaganda oficial, es imperdonable.

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