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José Ángel Portal, la desvergüenza de hablar de salud desde el confort 

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Por Joel Fonte ()

La Habana.- Solo quienes hemos agonizado por décadas bajo una dictadura que convirtió la mentira en su arma más recurrente y nociva podemos no escandalizarnos viendo el desenfado con que —particularmente en estos días, luego de que Díaz-Canel los aguijoneó, porque antes de que lo pincharan a él para que diera la cara— acuden los ministros y voceros de la dictadura castrista a su televisión a mostrarnos, con total impudor, un país que pareciera que, de ayer a hoy, abandonó el paraíso para comenzar a bordear tímidamente las tinieblas, siempre por culpa del «imperialismo brutal…».

Se necesitan —basta el caso de este señor, ministro de Salud Pública, según se titula— dosis de desvergüenza increíbles para hablar de que los servicios de salud no se verán «comprometidos», cuando en Cuba llevamos años viendo los hospitales como cuevas habitadas por ratas y cucarachas, a donde la gente va a morir; a los médicos como esclavos asalariados que corren tras una «misión»; a las ambulancias como espectros; a las farmacias como tiendas para comprar frazadas de piso y no medicamentos…

¿En qué país vive este señor…? Exactamente: en el suyo. El país de este ministro, como el de todos sus compinches, es uno donde el confort y la abundancia son la regla, donde no se vive del salario miserable, donde no se hacen colas interminables, donde la electricidad no es una fantasmagoría, donde se aplaude al tirano y se le llama «líder», porque él los mantiene en el cargo, demostrando la más absoluta incompetencia, pero la más visceral obediencia.

Ministros de la infamia

En Cuba los ministros no caminan: reptan…

Dígale, ministro de la infamia, a una señora de 80 años que padece enfermedades crónicas, que lleva años sin poder comprar sus medicinas en una farmacia, que no hay «solución inmediata» para ella; dígale a una madre que no puede darle ni una dipirona al hijo que eso es «causa del bloqueo».

¡Pero es que estos «tipos» no son funcionarios, son bandidos, son truhanes vestidos con trajes robados!

Ellos tienen ahí, en Playa, en sus clínicas de Kohly, en el CIMEQ, la atención médica de primer mundo, la atención de salud capitalista que les niegan a millones de cubanos, obligados a la miseria.

Pero al menos no todo es malo; tenemos una buena noticia: se les está acabando el crimen, el «relajo»…

¡NO MÁS DICTADURA EN CUBA! ¡BASTA DE TOLERAR INJUSTICIAS! ¡BASTA DE MENTIRAS AL PUEBLO CUBANO!

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