El enigma de las jirafas de Dabous

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- En medio del desierto del Ténéré, en el norte de Níger, hay una roca inclinada que guarda un secreto de hace miles de años. Dos jirafas, una de 5,4 metros de altura, dominan la superficie de arenisca. Desde sus hocicos cuelgan dos líneas delgadas que descienden hasta pequeñas figuras humanas. Nadie sabe qué significan. Nadie puede asegurar si son cuerdas, lazos o algo más simbólico. El tiempo ha borrado las respuestas, pero no el impacto de la imagen.

Quienes grabaron esas figuras no vivieron en el desierto que hoy conocemos. Entre 6.000 y 8.000 años atrás, el Sahara era un paisaje verde, cruzado por ríos y lagunas. Las comunidades pescaban, cazaban y convivían con elefantes, rinocerontes y avestruces. Las jirafas eran parte de su mundo real, no de un sueño. Aquella roca era un mirador privilegiado sobre una sabana que ya no existe.

El afloramiento de Dabous guarda más de 800 figuras, pero las dos jirafas monumentales son únicas. No solo por su tamaño, sino por el detalle con que fueron talladas. Sus autores rasparon, pulieron y marcaron profundamente la piedra. El pelaje aún se reconoce. Pero lo más desconcertante son esas líneas que las unen a los humanos. ¿Eran cazadores? ¿Guías espirituales? ¿Controladores de animales? Nadie lo sabe.

Lo que sí se sabe es que Dabous no fue obra de una sola generación. Los grabados se superponen a lo largo de los siglos: dromedarios y escrituras en tifinagh llegaron después, en épocas más secas. La roca se convirtió en un archivo abierto, un lugar al que se volvía una y otra vez para dejar constancia de un mundo que cambiaba. Pero las jirafas, las más antiguas, siguen siendo el centro del misterio.

Hoy, las originales permanecen en su lugar, protegidas por la aridez y por réplicas que viajan a museos. Mirarlas es asomarse a una memoria perdida, a un Sahara que fue verde y vivo. Quienes las grabaron no dejaron su nombre, solo su asombro. Y nosotros, miles de años después, seguimos preguntándonos qué querían decirnos con esas líneas que descienden hasta el suelo.

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