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Por Yeison Derulo
La Habana.- Mientras Cuba camina al borde de la opción cero, con apagones interminables, estantes vacíos y hospitales convertidos en salas de espera para la muerte, el castrismo se fue de paseo a Madrid a vender humo… y ron.
En Fitur, la Feria Internacional de Turismo, la isla no se presentó como un país en emergencia humanitaria, sino como una postal de fantasía donde todo huele a habano recién torcido y a copa de ron bien servido. La desconexión entre la Cuba real y la Cuba que exporta el régimen ya no es cinismo: es burla abierta.
Allí estaban los símbolos de siempre, esos que el poder utiliza como maquillaje para esconder la miseria estructural. Tabaco y ron, dos productos de élite que no alivian el hambre ni encienden un bombillo en Centro Habana, pero que sirven para sostener la narrativa de un país “exótico” y “atractivo”. Mientras el cubano de a pie no tiene ni café ni azúcar, el gobierno presume de Cohibas, minipuros Trinidad y rones con nombre poético, como si eso resolviera algo más que la caja registradora de GAESA.
El colmo del descaro fue ver a figuras del castrismo duro, recicladas como promotores turísticos. Antonio Guerrero, uno de los Cinco Espías, convertido ahora en instructor espiritual del “ritual del habano”, impartiendo cursos con diploma incluido, como si el problema de Cuba fuera la falta de conocimiento para fumar. Resulta grotesco que un país donde la gente quema muebles para cocinar esté vendiendo experiencias premium sobre cómo sostener un puro entre los dedos.
Y como todo espectáculo necesita figuras decorativas, también aparecieron los invitados de lujo: Mijaín López e Isaac Delgado, usados como trofeos humanos para legitimar un stand que no representa a la nación, sino a la élite gobernante. Campeones olímpicos y músicos exitosos puestos al servicio de una propaganda que intenta convencer al mundo de que Cuba es fiesta, ritmo y placer, cuando en realidad es supervivencia, apagón y exilio.
Fitur no mostró a Cuba; mostró al régimen. Un régimen que, mientras el país se desangra, invierte tiempo, dinero y recursos en vender una postal falsa al extranjero. La dictadura no fue a Madrid a buscar soluciones, fue a buscar divisas. Y lo hizo como siempre: tapando la tragedia con humo de tabaco y brindando con ron, mientras la isla real sigue a oscuras, esperando algo más que propaganda.