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Por Joel Fonte ()
La Habana.- El verdadero honor y la gloria residen en defender valores elevados, como el derecho a la libertad y a una vida digna para todos, sin condicionamientos ideológicos. No se hallan en la protección de dictadores y represores que lucran con la tragedia y el sufrimiento de millones de personas.
El castrismo ha lucrado históricamente con la mentira, desde sus primeras marchas que alimentaban el odio entre clases para dividir a la nación, hasta los grandes éxodos migratorios que culpabilizaban al «imperialismo» para ocultar sus propias responsabilidades.
Otra vez, el régimen manipula la muerte de ciudadanos, presentándola bajo un falso discurso de honor y gloria que encubre la podredumbre de una cúpula de poder. Esto sucedió con los miles de cubanos enviados a morir en África para satisfacer la egolatría de Fidel Castro. Una vez sepultados los ataúdes, los caídos y sus familias dolientes eran rápidamente olvidados por ese mismo poder que los utilizó.
Lo que mantiene el inmovilismo social en Cuba, más allá de la represión física, es una feroz y sistemática ideologización. Desde la infancia y durante toda la vida, los cubanos son sometidos a un vil adoctrinamiento a través de todos los medios de comunicación, que actúan como instrumentos de propaganda política. Esta estrategia, aunque mutante, ha sido invariable en su objetivo de domesticar la rebeldía y adormecer cualquier protesta.
Inicialmente, la propaganda promovía un feroz culto a la personalidad y el comunismo, creando una masa obediente. Tras la caída del bloque soviético, el discurso se centró en construir una narrativa de resistencia y en infundir miedo hacia cualquier factor de cambio. Hoy, ante la percepción de que su fin se acerca, la cúpula castrista intensifica una propaganda violenta y amenazante, utilizando incluso la muerte de cubanos en el exterior para satanizar a sus opositores.
Este adoctrinamiento es particularmente avasallador en las fuerzas militares y de seguridad, a quienes se les hace creer que servir al régimen es idéntico a servir a la patria. Se les anula la capacidad crítica, convirtiéndolos en instrumentos de represión contra las mismas libertades de las que carecen. Si bien existe una minoría comprometida con la dictadura, principalmente en los altos mandos privilegiados, la gran mayoría de los militares y del pueblo ya no desea su continuidad.
Frente a esto, es preciso exigir derechos y denunciar la mentira como arma del régimen. Los verdaderos héroes y mártires de la patria son aquellos que, por décadas, han defendido la libertad y los derechos humanos frente a la dictadura, sufriendo prisión, persecución y muerte sin claudicar. Para ellos no hay fanfarria oficial, pero un día caerá el velo de silencio. Ese día de una Cuba libre, para todos y por el bien de todos, se acerca. Basta de injusticias, no más temor, no más dictadura.