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Hay combustible para la Caravana, lo demás que espere

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Por Yeison Derulo

La Habana.- En Cuba no hay combustible ni para llevar a un combatiente de Angola a sacarse una muela, pero para montar la Caravana de la Victoria siempre aparece el petróleo como por arte de magia. Esa es la paradoja más obscena del castrismo: no hay diésel para una ambulancia, no hay gasolina para un hospital, no hay keroseno para alumbrar una casa, pero sí hay combustible de sobra cuando se trata de resucitar fantasmas y mantener vivo, a empujones, el legado de la Piedra. Lo elemental no alcanza nunca; el teatro político, tiene de sobra.

Mientras el país se apaga a pedazos y la gente cocina con leña o con inventos dignos de un museo del hambre, una caravana atraviesa casi toda la isla, de Guantánamo a La Habana, en nombre de una épica que ya no conmueve a nadie que no viva del presupuesto ideológico. Jóvenes trasladados, actos organizados, tarimas, sonido, logística, custodias… todo eso consume combustible, recursos y dinero. Y nadie explica de dónde sale. Nadie se sonroja. Nadie pide perdón al cubano que lleva semanas sin poder cargar el teléfono.

La llegada a la capital, con toda su parafernalia político-cultural, tuvo lugar en la Ciudad Escolar Libertad, el antiguo Campamento Columbia, ese sitio que el régimen usa como altar para recordarse a sí mismo. Minuto de silencio, consignas, discursos reciclados y la eterna invocación a Fidel Castro, ahora con el añadido del centenario. Se habla de mambises modernos, de independencia, de dignidad, mientras afuera de ese perímetro simbólico hay gente desmayándose en colas, enfermos sin tratamiento y ancianos sin un litro de agua.

Esta es la Cuba real

El contraste es tan brutal que roza el cinismo. Se rinde homenaje a 32 combatientes caídos en Venezuela, pero se ignora al combatiente de Angola que no puede aliviarse un dolor de muela porque no hay cómo trasladarlo. Se habla de solidaridad entre pueblos, de identidad y de resistencia frente al imperialismo, mientras el cubano de a pie resiste apagones de 12 horas y sobrevive gracias a remesas enviadas precisamente desde ese “imperio” al que tanto demonizan.

Esta es la Cuba real: un país donde se gasta combustible para alimentar una narrativa agotada, pero no para resolver problemas básicos. Donde la historia se mueve en caravanas y el presente se queda varado. Donde mantener vivo el mito importa más que mantener viva a la gente. Y así, entre homenajes, discursos y gasolina bien administrada para la propaganda, el país sigue hundiéndose, con la muela doliendo, el estómago vacío y la paciencia, definitivamente, en reserva cero.

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