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Por Hermes Entenza ()
Detrás de las pupilas hay cañaverales, palmas reales, arroyos transparentes, niños con ojos fugaces que no quieren sonreír.
Entrar en el alma de un ángel es cruzar las puertas de una casa antigua, y encontrar la realidad de un mundo que hierve, de un país que muere lentamente sin la sonrisa camaraderil ni las voces felices; todo fue arrancado de cuajo por los expertos en la muerte.
¿Has tocado las alas de un ángel? Entre sus vibraciones está la luz del mundo, escondida de los bandidos y desalmados que vagabundean por los montes.
Un ángel roto es soledad y símbolo; es el camino destrozado de la patria, la calma silenciosa y el silencio fatal. Es un espacio carente de caramelos y golosinas infantiles, carente del bienestar para las poderosas madres que perdieron la posibilidad de lograr una sonrisa en los labios de sus hijos. Es el reino del cansancio.
Nos quitaron la esperanza de vivir, las herramientas para esculpir la felicidad colectiva y personal; pero el ángel está ahí, esperando por nosotros para restaurarlo.
Si limpiamos el camino real y activamos nuestra capacidad de amar, de renovar la patria con nuevos cantos y nuevos derroteros, lograremos ser una nación feliz, libre de los vándalos que desarmaron el paisaje desmochando los antiguos árboles que nos daban la sombra.
Cuba, levanta tu mirada, levanta tu cuerpo cansado para que seas de nuevo la luz del mundo.