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Por Jorge Sotero
Guantánamo.- El periódico Venceremos, de Guantánamo, cuenta una historia de eficiencia, coordinación y humanismo que, vista desde la realidad cubana, chirría por todos lados. Un Centro de Protección Social inaugurado “desde inicios del presente año”, con bombos institucionales y lenguaje de manual, como si la pobreza extrema y la gente viviendo en la calle fueran un fenómeno reciente, descubierto casi por casualidad en 2026. No se habla de causas, solo de consecuencias maquilladas con palabras bonitas.
La primera alarma salta cuando uno lee que el centro es “con carácter provincial” y, sin embargo, al cierre de la información acoge a tres personas. Tres. En una provincia como Guantánamo, una de las más empobrecidas del país, donde la mendicidad y la deambulación son visibles a cualquier hora del día. O el problema no existe —cosa que sería una mentira descarada— o el centro es un parche simbólico diseñado más para la nota de prensa que para resolver algo.
El discurso institucional insiste en la “atención integral”, en las comisiones multidisciplinarias y en las evaluaciones de patologías, como si el principal problema de estas personas fuera clínico y no estructural. Aquí no se habla de salarios miserables, de viviendas en ruinas, de familias rotas por la emigración forzada ni de un Estado que empujó a miles al borde del abismo. Se patologiza la pobreza para no asumir responsabilidades políticas.
Hay, además, un tufillo preocupante a control y no a protección. El ingreso lo decide una comisión, la permanencia es temporal y el destino final vuelve a ser, casi siempre, el mismo círculo vicioso: una familia que no pudo sostenerlos, un empleo inexistente o una “solución habitacional” que rara vez llega. Todo muy ordenado en el papel, pero profundamente frágil en la práctica.
El cierre del texto habla de “dignidad humana” como si fuera un logro reciente del sistema y no una deuda histórica. La dignidad no se fortalece con un centro que atiende a tres personas durante tres meses, mientras cientos duermen en portales y parques. Esto no es protección social, es propaganda asistencialista. Y como casi todo en Cuba, sirve más para tranquilizar conciencias desde una oficina que para cambiar la vida real de quienes ya no tienen nada.