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Por Oscar Durán
La Habana.- A las 20:54 de la noche “ocurrió un fallo”. Así, en frío, sin apellidos, sin responsables y sin una sola explicación técnica que le sirva al cubano que estaba cocinando con leña improvisada o al que llevaba tres apagones acumulados en el día. Un fallo en la Subestación Holguín 220 kV —dicen— y media zona oriental quedó a oscuras como si estuviéramos en 1993, pero sin el optimismo del Período Especial.
El parte oficial informa que quedaron totalmente afectadas Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, y parcialmente Holguín. Traducción al lenguaje de la calle: millones de personas sin electricidad, sin agua bombeada, sin refrigeración de alimentos y, en muchos casos, sin comunicación. Pero el comunicado no se detiene ahí; sigue enumerando unidades que “salieron de servicio” como si fueran fichas de dominó: Felton 1, los motores de Moa, las unidades 3 y 5 de Renté. Todo dicho con una naturalidad insultante, como si el colapso fuera parte del paisaje.
Lo más indignante no es el apagón en sí —porque apagones hay todos los días—, sino la muela automática que siempre viene después. “Se preparan los protocolos de restauración”, aseguran. Es la misma frase de siempre, el mismo libreto gastado, la misma promesa sin hora ni fecha. Protocolos que el pueblo no ve, restauraciones que nunca llegan completas y un Sistema Electroenergético Nacional que funciona a base de parches, mentiras y partes triunfalistas.
Aquí nadie explica por qué una sola avería puede tumbar a medio oriente del país. Nadie habla de la falta de mantenimiento, del combustible inexistente, de las termoeléctricas remendadas con alambre y saliva. Nadie asume responsabilidades. El fallo ocurre solo, como si fuera un fenómeno natural, un terremoto eléctrico inevitable y no el resultado directo de décadas de incompetencia.
Mientras tanto, en los barrios de Bayamo, Santiago o Guantánamo, la gente vuelve a salir a los portales, a espantar mosquitos, a maldecir en voz baja y a preguntarse hasta cuándo. Porque el problema no es que se vaya la corriente a las 20:54; el problema es que este país vive permanentemente en modo apagón, y el gobierno sigue creyendo que con un comunicado mal redactado y un par de flechas verdes se puede tapar la oscuridad.
La luz no se restablece con protocolos. Se restablece con gestión, con inversión real y, sobre todo, con respeto a un pueblo que ya está cansado de que le expliquen la miseria como si fuera un accidente.