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Por Redacción Internacional
Caracas.- La confirmación del fallecimiento de Walter Martínez llegó este jueves por voz oficial. Miguel Pérez Pirela, recién designado ministro de Comunicación e Información en Venezuela, utilizó su canal de Telegram para anunciar la muerte del periodista uruguayo, corresponsal de guerra y conductor del programa Dossier.
El mensaje, cargado de solemnidad institucional, fue asumido de inmediato por el aparato comunicacional del Estado, que siempre vio en Martínez a un analista alineado con la narrativa del chavismo y funcional a su proyecto político.
Pérez Pirela no escatimó elogios al recordar la trayectoria del comunicador, a quien presentó como un intelectual de rigor académico y mirada geopolítica aguda. Sin embargo, ese reconocimiento no puede desligarse de un dato clave: Walter Martínez fue, durante años, un tipo afín al chavismo, cómodo dentro del discurso oficial y frecuente defensor de las posturas del poder venezolano frente a los conflictos internacionales que analizaba en pantalla.
En su mensaje, el ministro evocó la célebre frase “acontecimientos en pleno desarrollo”, convertida en marca personal del periodista. Aquella muletilla, repetida hasta el cansancio, acompañó análisis que rara vez incomodaron al poder y que solían encajar con la línea política del gobierno bolivariano, reforzando su relato ante la audiencia venezolana. No por gusto, Pérez Pirela lo calificó como un “referente ético”, una etiqueta reservada casi siempre para figuras leales al proyecto chavista.
El comunicado también incluyó las condolencias de Delcy Rodríguez y del resto de la administración. El gesto institucional dejó claro que la muerte de Martínez fue asumida como una pérdida propia, de casa. No era un periodista incómodo ni un analista independiente; era un comunicador afín al chavismo, respetado y protegido por el mismo poder al que nunca cuestionó de fondo.
El texto oficial cerró con una despedida simbólica: “Disponga usted de la cámara, querido Walter”. La frase resume bien el lugar que ocupó Martínez en el engranaje mediático del chavismo. Cámara tuvo, micrófono también y espacio privilegiado durante años. Su muerte marca el final de una voz que, más allá de su estilo y formación, siempre estuvo alineada con el relato del poder que hoy lo despide con honores.