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Por Hermes Entenza ()
Nuremberg.- Caramba, los cubanos hemos pasado por tantas pruebas, por situaciones límite, por tácticas para doblegar nuestro ego y, para más, subestimación por parte del gobierno; una subestimación tan cruda que hemos sido minimizados y tildados de invidentes por los extranjeros, debido a nuestro poco o nulo conocimiento de cómo funciona el mundo real. Pero así, como somos y/o hemos sido catalogados, todavía no sabemos el arte de entender que no tenemos que pensar igual, y que por esta condición que nos diferencia, no necesariamente somos enemigos.
Claro, esto viene en nuestra sangre debido a la inyección que recibimos por décadas, en la cual iba una dosis de soberbia.
Si en estos días hemos visto bombas, arrestos, balaceras, muerte y una libertad que se asoma por la esquina, también en las redes ha habido una guerra casi mundial, donde esgrimimos nuestro criterio con un cuchillo en la mano para tasajear a quien no esté de acuerdo.
¡Coño, no aprendemos! Y por muy libertarios que nos creamos, dentro de nosotros sobrevive el fracasado unipartidismo que sufrimos por décadas, sin entender que la pluralidad es la única forma de entendimiento.
Hay tantas versiones de lo ocurrido en Venezuela, tantos criterios encontrados, a pesar de que hayamos entendido que se ha dado el primer paso para su libertad con el dictador mayor neutralizado.
Están los trumpistas que dan vivas al líder supremo y aseguran que Estados Unidos es la única nación de la verdad y la justicia, con el raudo presidente «cojonú». Estos atacan con fuerza a otros más moderados que, a pesar de entender que el mundo se libró de un Maduro perverso, apelan a la ética y a la supuesta regla de la «no injerencia externa» para conformar su razonamiento. Pero estos moderados atacan a los animosos, diciéndoles imperialistas y fanáticos de USA.
Para colmo, murieron 32 cubanos en la acción, y también ha habido verrugas entre nosotros. Unos lamentan, otros ríen y celebran; pero lo peor es que, entre estos dos grupos, hay hachazos y bombas porque no soportan el otro extremo.
Yo estoy muy feliz de la captura de un tipejo que destrozó un país, con un récord de asesinatos y torturas incontables.
Alguien podría decir que Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill fueron injerencistas cuando entraron por Normandía, pero liberaron a Europa de las hordas nazis. Ese alguien podría decir también que el dictador Iósif Stalin fue un injerencista, pero llegó hasta el búnker de Hitler. Podrían decir que es otra historia y otro momento, y sí, fue otro momento, pero una misma –o parecida– historia. Basta ver las confesiones de tantas venezolanas y venezolanos y sus vivencias tan terribles como las de los judíos en el Drittes Reich.
Se podría decir que en estos tiempos se han creado otros valores, mecanismos y derechos internacionales para evitar precisamente las agresiones. También es verdad, pues no podemos vivir como en 1945, cuando el mundo ardía.
¿Cuál sería la solución a la guerra digital entre cubanos, pensando en los que tenemos clara la necesidad de libertad para Venezuela? Sencillo: respetarnos entre nosotros y no irnos a la agresión verbal porque un contacto en las redes no está totalmente de acuerdo con nuestra forma de asimilar la intríngulis de los hechos.
Me entristece ver tanta sangre cubana. Murieron 32 soldados de cuestionado honor, enviados por La Habana para sostener el poco futuro que le queda; pero si comenzamos a hacer cuentas, desde los años 60 han sido miles los jóvenes muertos en guerras absurdas que no han traído ni un átomo de gloria a nuestra historia. Desde Angola estamos padeciendo muerte a granel, y hoy esa nación no quiere saber absolutamente nada de socialismo, con un sistema multipartidista y economía de mercado, donde viven miles de cubanos que emigraron en busca de mejor vida.
Yo culpo al gobierno cubano. Ya es hora de que digamos basta al Servicio Militar Obligatorio, a un militarismo deshonesto que también ha sido injerencista y ha mentido por años.
Tenemos que aprender a comparar ideas, a ver los hechos bajo el criterio de otras personas que pueden estar en desacuerdo, pero allí, en la contradicción, está la claridad. Esa es una asignatura que jamás nos dieron en Cuba, donde, si no somos comunistas, nos dan el carné de traidores y vendepatrias.
Debemos recordar que la palabra Libertad resume todo; y cuando veo a miles o millones de venezolanos dispersos por el mundo en pleno éxtasis porque han visto que todo comienza a moverse, ya tengo la prueba de que algo positivo está sucediendo.
Aprendamos la lección de estos eventos: veamos cómo personas tristes sonríen por primera vez en 27 años; y después, ajustemos nuestros pensamientos en pos de la libertad, aunque sea imaginada por caminos diferentes.