Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Entonces, ¿para qué cojones sirve la policía en Cuba?

Comparte esta noticia

Por Max Astudillo ()

La Habana.- Milagros Batista Estévez pidió auxilio. Gritó, denunció, suplicó. Tres veces había reportado a su expareja, José Matos, por robarle el dinero, extorsionarla, amenazarla con no devolverle sus ahorros si no retiraba las denuncias.

La noche del crimen, hace unas horas, su hija llamó a la policía: el agresor estaba ahí, intentando entrar a su casa. La respuesta fue un «no hay patrullas disponibles» tan cínico que hasta da risa, si no fuera porque horas después Milagros estaba muerta, degollada frente a dos niños, mientras el feminicida caminaba tan campante como el Estado que lo dejó libre.

¿Para qué sirve una policía que no protege? ¿Para vigilar colas de pollo? ¿Para detener a periodistas que tuitean o a ancianos que piden luz en pleno apagón? 

En Cuba, la PNR tiene patrullas para sitiar casas de opositores, gasolina para perseguir disidentes, y hasta tiempo para inventar delitos como «desacato» o «desórdenes públicos» contra quien osa decir «pongan la corriente» .

Sin embargo, cuando una mujer es amenazada de muerte, oh, casualidad, no hay recursos. El mismo Estado que gasta millones en esbirros con chalecos de Amazon 7 no puede mandar un auto para salvar una vida.

Imaginen por un segundo que esto pasara en un país con leyes. Que la policía de Madrid o Miami dijera «no tenemos coches» mientras un asesino merodea. Habría destituciones, protestas, portadas en El País gritando ¡Negligencia!.

En Cuba, la negligencia es la norma. El régimen tiene bien entrenados a sus perros guardianes: no para servir, sino para someter. Para vigilar, no para cuidar. Para reprimir manifestaciones de hambre, no para evitar feminicidios.

Al régimen le conviene el terror

Y lo peor es que no es la primera vez. Es el mismo guión: mujeres asesinadas tras denuncias ignoradas, familias rotas por un sistema que protege más a los victimarios que a las víctimas. Mientras, los «agentes del orden» —qué ironía— se pasean con sus uniformes impecables, sus armas relucientes, sus códigos de «seguridad revolucionaria» que solo aplican cuando conviene.

¿Seguridad para quién? ¿Orden para qué? Si el orden es dejar morir a las Milagros de este país, entonces ese orden es una farsa.

Qué fácil es para el régimen culpar al «bloqueo» de todo, hasta de la falta de patrullas. Pero el bloqueo no impide que haya gasolina para los operativos contra opositores, ni autos para llevar presos a disidentes que hacen cola para comprar comida.

El problema no es la falta de recursos: es la prioridad perversa de un sistema que usa la policía como brazo represor, no como servicio público. Un sistema donde «proteger» significa vigilar, no salvar; donde «justicia» es una palabra vacía que se pudre en los calabozos del MININT.

Al final, la respuesta es clara: la policía en Cuba no sirve para proteger a la gente. Sirve para proteger al poder. Para asegurar que nadie —ni una madre desesperada, ni un joven que pide luz, ni un periodista que escribe— se atreva a desafiar el miedo. Y mientras, las Milagros siguen muriendo, los Matos siguen libres, y el teléfono de la PNR sigue sonando a vacío. Porque en Cuba, la única emergencia que atienden es la de un régimen que sabe que, sin terror, se le acaba el cuento.

Deja un comentario