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Por Anette Espinosa ()
La Habana.- La directora del policlínico de Guanabo, la doctora Maysu Rivero, se hizo eco de las necesidades del centro de salud que dirige y lanzó un mensaje a la población en redes sociales: necesita dinero para comprar un Ecoflow, ese aparato casi mágico que permite almacernar electricidad.
«Por medio de esta vía, notificamos, que nos encontramos recogiendo aportes a solicitud de la población de Guanabo, residentes, pacientes y amigos, para comprar un Ecoflow, para nuestra terapia intensiva. Siempre con el objetivo de mejorar la calidad de vida y seguir salvando vidas.Cualquier interesado acercarse al Dr. Deybi o a mi. Gracias», dice la publicación.
Ante el colapso energético crónico y la incapacidad estatal para garantizar un servicio básico, los residentes del balneario de Guanabo, al este de La Habana, decidieron darle luz verde a la iniciativa, por demás, desesperada y reveladora.

La doctora Rivero solo interpreta el sentir de la población, que ha sugerido una colecta pública para adquirir el generador eléctrico portátil, destinado a la sala de terapia intensiva. El objetivo, según el texto, es «mejorar la calidad de vida y seguir salvando vidas», una declaración que, en sí misma, constituye una acusación demoledora contra un sistema de salud que ha dejado de funcionar.
La convocatoria, que insta a los interesados a acercarse a la directora o a otro doctor, ha encontrado un eco inusual y significativo en Facebook. Decenas de ciudadanos, tanto dentro como fuera de la isla, se han brindado a colaborar con donaciones en dólares para materializar la compra. Esta respuesta no solo muestra solidaridad, sino la cruda aceptación de una realidad: el Estado es incapaz de garantizar la energía necesaria para mantener con vida a pacientes críticos, trasladando esa responsabilidad a la ciudadanía.
Este episodio es un síntoma agudo de la crisis humanitaria generalizada que vive Cuba, donde el sector de la salud pública, otrora bandera del régimen, se desmorona entre apagones prolongados, escasez extrema de medicamentos, diáspora masiva de personal calificado y el deterioro total de su infraestructura. Que un policlínico deba recurrir a una «vaquita» popular para adquirir un equipo esencial desnuda la bancarrota absoluta del modelo y la desidia criminal de un gobierno que prioriza el control político sobre la supervivencia de su pueblo.

La responsabilidad de este colapso recae íntegramente en el gobierno cubano. Mientras la nomenclatura accede a clínicas privadas con suministro garantizado, el pueblo debe financiar sus propios generadores. Mientras se destinan recursos a sostener un aparato represivo y una maquinaria propagandística, no hay combustible para las plantas eléctricas de los hospitales. La colecta de Guanabo no es un acto de caridad, sino el resultado de un abandono premeditado y de una política de Estado que ha convertido la miseria en un instrumento de control.
En definitiva, la petición del policlínico de Guanabo es mucho más que una solicitud de ayuda: es un acta de acusación. Evidencia que, en la Cuba actual, salvar una vida en terapia intensiva depende de la voluntad de vecinos y familiares, no de un sistema de salud que fue desmantelado por la ineptitud y la ideología. Es la prueba final de que el Estado ha renunciado a su función más elemental, obligando a los ciudadanos a ejercer, con sus propios magros recursos, una soberanía que el régimen les niega en todo lo demás.