Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

En una ciudad dominada por la pasión y el caos político, Phocion fue una anomalía. Era el hombre que nunca mintió para ganar un voto. Conocido como El Bueno, este general y estadista ateniense fue elegido estratego un récord de 45 veces. Además, sus discursos solían ser críticas mordaces a la impulsividad de sus propios ciudadanos.
Mientras otros prometían glorias imposibles, Phocion aconsejaba prudencia, ahorro y realismo frente al imparable ascenso de Macedonia.
Su honestidad era tan extrema que vivía en una pobreza digna, rechazando los lujosos sobornos de Alejandro Magno y el rey Filipo.
Se dice que cuando la asamblea aplaudía efusivamente uno de sus discursos, él se giraba hacia sus amigos. Entonces preguntaba con ironía: ¿He dicho alguna tontería por error?.
Sin embargo, su insistencia en buscar la paz con los macedonios fue malinterpretada como traición. Esto ocurrió en un momento de histeria colectiva tras la muerte de Alejandro.
Al final, la misma ciudad que él había servido con integridad durante décadas lo condenó a muerte por una acusación injusta de conspiración. Phocion bebió la cicuta con la misma calma con la que había vivido. También pidió a su hijo que no guardara rencor a Atenas por su ejecución.
Su historia es un recordatorio trágico de que, a veces, la honestidad es el crimen más imperdonable en política. ¿Vale la pena ser honesto en un mundo que prefiere las mentiras reconfortantes?