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El sorteo del morapio: Un camino de rosas y otro de cal viva

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- Señores, lo que ha hecho el sorteo de la Champions League con nuestros equipos no tiene nombre, o sí lo tiene: tiene nombre de guion de cine de terror para unos y de comedia ligera para otros. Mientras el Real Madrid mira el cuadro y le entran escalofríos, en Can Barça se frotan las manos con aceite de oliva.

El bombo de Nyon ha hablado, y lo ha hecho con esa ironía gruesa que tanto le gusta al fútbol, colocando a cada cual en su sitio como si de una novela de Vargas Llosa se tratara: con todos los demonios en la izquierda y un paseo militar en la derecha .

Miren ustedes el lado del Real Madrid y echen la vista atrás, a esas tardes de gloria y sufrimiento. Ahí están, esperando como buitres en el alambre, el Manchester City de Pep Guardiola, que ya saben lo que es amargarle la noche a los blanco.

Pero no acaba ahí la cosa, no. Detrás, como en aquellas macrocausas de la Gürtel, viene una ristra de imputados ilustres: el Bayern de Múnich, con su historia y su poderío; el PSG de Luis Enrique, ese que nunca termina de dar la talla pero siempre está ahí; el Chelsea, el Liverpool… seis equipos que han levantado la Orejona, seis pesos pesados dispuestos a darlo todo en un cuadro que parece la habitación del pánico de una película de Saw.

Para llegar a Budapest, los de Arbeloa tendrán que sudar la gota gorda, jugar con el cuchillo entre los dientes y rezar a todos los santos de la Almudena.

El paseo triunfal

Y luego, en la otra cara de la moneda, aparece el Barcelona. El Barça, que terminó quinto en la fase de liga, mira su lado del cuadro y le entran ganas de pedir un cubata y poner los pies en alto. ¿Sus rivales? Newcastle, que es un equipo con más millones que historia europea. Atlético de Madrid, que ya sabemos que en Champions es como aquel pariente que siempre promete pero nunca termina de llegar.

Tottenham, que tiene más pena que gloria en Europa. Sporting de Portugal, Bodø/Glimt, Bayer Leverkusen… equipos que, con todos mis respetos, no huelen la Copa de Europa ni en los sueños de sus presidentes.

El único problema gordo del Barcelona estaría en una hipotética semifinal contra el Arsenal, el líder de la fase de liga, que sí sabe lo que es ganar títulos… aunque no precisamente europeos .

Resulta que este nuevo formato de UEFA, ese que algunos criticaron como un invento de marketeros sin alma, ha terminado por hacer justicia matemática: el que mejor lo hizo en la fase inicial, menos debería sufrir. Y así, mientras el Madrid, que tuvo que pasar por el playoff contra el Benfica y sudar para clasificarse, se come el marrón más grande de Europa, el Barcelona disfruta de su quinto puesto con la tranquilidad del que sabe que ha esquivado balas.

Porque mire usted, podían haberle tocado el PSG, pero el bombo decidió mandar a los franceses al otro lado, al lado de los machos cabríos, al lado donde los equipos se miran y saben que solo uno saldrá vivo.

El ruido de las metralletas

Porque no nos engañemos, el fútbol es así de puñetero. El Real Madrid, acostumbrado a estas lides, tendrá que sacar su versión más épica, esa que tanto le gusta a sus aficionados, la de las remontadas imposibles y las noches mágicas.

Pero ojo, que los equipos de ahora no son los de antes. El City de Guardiola tiene hambre de venganza tras el varapalo de la semifinal de 2024, el Bayern quiere recuperar su trono, y el PSG… bueno, el PSG siempre quiere algo, aunque no sepa muy bien el qué.

Mientras tanto, en Barcelona, Hansi Flick puede permitirse el lujo de rotar, pensar, planificar, sabiendo que el primer plato de verdad se lo servirá, como pronto, en semifinales.

Total, que si hay una final española en Budapest, ojalá que no la haya porque entonces habría que explicar por qué unos han llegado paseando y otros arrastrándose por el barro. Pero así es este deporte, señores, así es esta vida. Mientras unos miran al frente y ven monstruos, otros miran y ven corderitos.

El fútbol, como la política, es cuestión de sorteos, de momentos, de rachas. Y esta vez, el bombo ha hablado claro: para unos, el infierno; para otros, el camino de baldosas amarillas. Lo que pase después, ya se verá. Pero que nadie se llame a engaño: en esto de la Champions, como en la vida, no es lo mismo llegar que llegar. Y el Madrid, el pobre, va a tener que llegar por el camino de los cañones.

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