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El Real Madrid gira la página: de Alonso a Arbeloa en el banquillo

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- El Real Madrid ha iniciado una nueva etapa en su banquillo tras la abrupta salida de Xabi Alonso. La derrota en la final de la Supercopa de España ante el Barcelona ha actuado como punto de inflexión, llevando al club y al técnico a acordar, «de mutuo acuerdo», el fin de su etapa. Este desenlace, a pesar de la inmediatez, no empaña el profundo vínculo del club con la figura de Alonso.

Xabi Alonso se despide, por ahora, de la casa que lo vio crecer como leyenda. En su comunicado, el Real Madrid fue contundente al recalcar que el técnico vasco «siempre tendrá el cariño y la admiración de todo el madridismo» por ser «una leyenda» y representar «los valores de nuestro club».

La puerta queda simbólicamente abierta, con la promesa de que «el Real Madrid siempre será su casa», un gesto que mitiga la frialdad de un despido postulado como mutuo.

Para sucederle, la directiva no ha buscado fuera, sino que ha mirado a su cantera. El elegido es Álvaro Arbeloa, quien hasta ahora dirigía al Real Madrid Castilla. El club confirmó en un escueto comunicado que Arbeloa es el nuevo entrenador del primer equipo, dando un voto de confianza a un perfil que conoce la entidad desde sus cimientos.

Su nombramiento representa la apuesta más firme en años por un proyecto de identidad madridista desde el banquillo.

La trayectoria de ambos no podría ser más contrastante en lo técnico, pero paralela en su ADN blanco. Alonso llegó al primer equipo con un bagaje internacional, mientras que Arbeloa ha forjado su carrera íntegramente en la casa. Comenzó en la temporada 2020/21 con el Infantil A y ascendió peldaño a peldaño hasta tomar las riendas del Castilla en junio de 2025, sucediendo a otra leyenda como Raúl González. Su ascenso ahora es meteórico, pero fundamentado en años de trabajo interno.

Con este movimiento, el Real Madrid cierra un ciclo breve con una figura de peso y abre otro con un símbolo de la cantera, enviando un mensaje de continuidad y confianza en su propia estructura. El desafío para Arbeloa es monumental: estabilizar el barco tras un golpe anímico y honrar, desde el banquillo, la misma casa que como jugador defendió con entrega.

El legado de Alonso queda a salvo; ahora comienza la prueba de fuego para la leyenda que sube desde dentro.

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