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Vícto M. Rodríguez (Quejas al Aire Vol. 4)
La Habana.- Decía Díaz-Canel en su “comparecencia” que Cuando alguien no es honesto y no dice lo que piensa hay fragmentaciones en la unidad, así que, si me permiten:
Después de la aparición en TV del presidente ayer, estoy más seguro que nunca: la comunicación política, como tantas cosas en este país, es un desastre.
El hecho de querer hacer pasar una conferencia grabada como una aparición en vivo, el aparente nerviosismo de Díaz-Canel que no dejaba de moverse de un lado a otro o de mirar a las tarjetas que tenía encima, las caras casi inmóviles de los periodistas y las preguntas intrascendentes que hicieron denota, a mi parecer, una falta de respeto total a la inteligencia del pueblo.
De los periodistas, de mis colegas, prefiero no hablar en demasía. Siempre me ha parecido una falta de ética hablar mal de alguien que comparte profesión conmigo, pero entiendo en parte su postura. Todos los que tomaron la palabra son cubanos y saben de sobra las mediaciones a las que se están enfrentando en ese contexto.
Todos los presentes saben que se están jugando el cuello ante cualquier desliz. Sin embargo, entiendo que se les culpe por lo que cuestionaron al jefe de Estado, pues la gente entiende como su deber (y de hecho creo que lo es) hacer la pregunta incómoda.
De las palabras de Díaz-Canel, poco puedo decir que no hayan pensado o dicho los demás. Sin embargo, hay un par de detalles que sí quiero comentar. Uno vino con la primera pregunta que le hizo Raciel Guanche, de Juventud Rebelde: No creo que sea potestad del presidente llamar cobardes y débiles a quienes ya no están dispuestos a resistir. El cansancio, señor presidente, existe, y al pueblo que lleva años soportando todo, no se le puede exigir eternamente que sobreviva mientras el discurso sigue igual y las condiciones se hacen peores.
La segunda vino tras la pregunta de Dilbert Reyes, de Granma, que creo le puso de forma bastante acertada nombre a lo que estamos haciendo: sobrevivir. Ante su cuestionamiento, Díaz-Canel arrancó a hablar del Partido, del Partido y del Partido. Parece que en sus años de dirigencia, no ha aprendido que a los problemas económicos no se le pueden dar siempre soluciones políticas.
Para cerrar, quiero que piensen conmigo en algo que sugería ayer un colega: implementar en Cuba la figura del portavoz presidencial. Alguien que sostenga estos intercambios con la prensa de forma frecuente. El criterio de este periodista es que, visto el papelazo que fue esta intervención, y cómo nos mintieron en la cara con ella, tener un portavoz es imposible. El gobierno ya demostró con la comparecencia que no se va a arriesgar a un encuentro con la prensa sin tenerlo todo controlado y guionado de antemano. Por muy preparado que estuviera el elegido, exponerlo en vivo a las preguntas de periodistas que hagan bien su trabajo sería mandarlo a un suicidio seguro.
A la persona encargada de tramitar esta queja, le solicito: basta de pensar que el pueblo cubano es estúpido. Han pasado más de 60 años presumiendo de la educación que nos dan, no intenten ahora hacernos pasar por tontos.