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Por Oscar Durán
La Habana.- El triunfalismo con el que el Ministerio de Salud Pública de Cuba anuncia una supuesta disminución de los casos de dengue y chikungunya resulta, como mínimo, sospechoso. Hablar de “octava semana consecutiva de descenso” y de un “transcurso muy positivo” en un país donde faltan reactivos, medicamentos y hasta termómetros, es un ejercicio de fe más que de ciencia.
El régimen vuelve a hacer lo que mejor sabe: administrar estadísticas para fabricar una sensación de control que no se corresponde con la vida real del cubano, ese que sigue enfermo, febril y sin atención médica digna.
Las cifras que exhibe la viceministra Carilda Peña parecen sacadas de un laboratorio paralelo. Una reducción del 31,2 % aquí, un 25,8 % allá, mientras el propio Minsap admite que los casos de chikungunya podrían ser muchos más porque “no todas las personas enfermas han acudido al médico”.
Esa frase, dicha casi al pasar, dinamita todo el discurso oficial. ¿Por qué la gente no va al médico? Porque no hay confianza, porque no hay con qué atenderse y porque muchos consultorios son hoy cascarones vacíos con un médico agotado y sin recursos.
Reconocer que existe una epidemia, como hizo el Gobierno en noviembre, no fue un acto de transparencia sino una reacción tardía ante lo inocultable. El dengue y el chikungunya llevan meses campando a sus anchas en barrios infestados de mosquitos, aguas estancadas y basura acumulada. Pedir ahora que se “refuercen las medidas de control” suena casi a burla cuando el Estado es incapaz de garantizar fumigaciones sistemáticas, abate, o siquiera una aspirina para bajar la fiebre.
El llamado a acudir al médico ante síntomas de alarma es, quizás, la parte más cruel del comunicado. ¿Ir a dónde? ¿A hospitales sin sueros, sin analgésicos y con salas colapsadas? El problema no es solo epidemiológico, es estructural. Mientras el régimen siga maquillando la realidad sanitaria con discursos optimistas y números convenientes, las epidemias seguirán repitiéndose como un ciclo maldito.
En Cuba, la verdadera enfermedad no es el dengue ni el chikungunya; es un sistema que prefiere esconder la fiebre antes que curar al paciente.