Enter your email address below and subscribe to our newsletter

El muerto que volvió: 18 años enterrado, 18 años esclavo

Comparte esta noticia

Su nombre era Clairvius Narcisse. Y durante casi veinte años, el mundo creyó que estaba muerto.

Haití, 1962.

Clairvius Narcisse, nacido en 1922, era un hombre común cuando ingresó a un hospital con síntomas desconcertantes: fiebre intensa, agotamiento extremo, dificultad para respirar. Los médicos no lograron identificar la causa. Su estado se deterioró rápidamente.

Tres días después, fue declarado muerto. Dos médicos firmaron el certificado. Su cuerpo fue trasladado a una cámara fría. Fue enterrado frente a su familia.

Para todos, su historia había terminado. Pero según el propio Clairvius, apenas comenzaba.

Años más tarde, relató que nunca perdió la conciencia. Estaba paralizado. Podía oír, sentir, percibir el mundo… pero no moverse ni hablar. Escuchó su propio funeral. Sintió la tierra caer sobre el ataúd. Fue enterrado vivo.

Poco tiempo después, afirmó, fue desenterrado por un bokor, un practicante del vudú haitiano. Le dieron una sustancia espesa que anuló su voluntad. Perdió la memoria. Perdió su identidad. Y perdió la noción de quién era.

Esclavo hasta el retorno

Durante dos años trabajó como esclavo en una plantación, junto a otras personas en el mismo estado: vivas, pero privadas de sí mismas. Cuando el bokor murió, el control se rompió. Lentamente, Clairvius recuperó la conciencia.

Aun así, no regresó a casa.

Tenía miedo. Especialmente de un hermano con quien había tenido un conflicto violento antes de su supuesta muerte. Vagó durante años. Vivió al margen. Esperó.

Hasta 1980.

Dieciocho años después de su entierro, un hombre se presentó ante su hermana, Angelina Narcisse, y afirmó ser Clairvius. No intentó convencerla con dramatismos. Simplemente habló.

Mencionó recuerdos íntimos. Detalles familiares imposibles de inventar. Historias que solo él podía conocer. Angelina no dudó. Lo reconoció de inmediato. El hombre que había sido enterrado estaba vivo frente a ella.

La ciencia desconcertada

El caso desconcertó a médicos, psiquiatras y antropólogos. El doctor Lamarque Douyon sugirió que pudo tratarse de un estado de muerte aparente inducido por drogas. Más tarde, el etnobotánico Wade Davis planteó que algunos bokor utilizaban polvos con tetrodotoxina (del pez globo) para provocar parálisis extrema, seguidos de datura, una planta capaz de causar confusión, amnesia y sumisión.

La teoría nunca fue confirmada de manera concluyente. Investigaciones posteriores pusieron en duda la eficacia real de esas sustancias. La ciencia no logró cerrar el caso.

Hasta hoy, nadie sabe con certeza qué ocurrió realmente.

¿Fue un error médico histórico? ¿Un caso extremo de intoxicación? ¿O una combinación inquietante de química, creencias y abuso humano?

Lo único indiscutible es esto: Clairvius Narcisse fue declarado muerto, enterrado… y regresó.

Su historia inspiró obras como La serpiente y el arcoíris y Zombi Child. Pero más allá del mito del zombi, dejó una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando la frontera entre la vida y la muerte no es tan clara como creemos?

A veces, el verdadero terror no está en los muertos que caminan, sino en lo poco que aún entendemos del cuerpo, la mente y el poder que otros pueden ejercer sobre ellos.

Deja un comentario