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Por Luis Alberto Ramírez
Miami.- El régimen de La Habana ya no gobierna: sobrevive. Y lo hace a fuerza de donaciones, remiendos humanitarios y limosnas internacionales que, lejos de resolver los problemas estructurales del país, solo prolongan la agonía de un sistema incapaz de sostenerse por sí mismo.
Un contenedor de insumos médicos y una ambulancia donados a la provincia de Sancti Spíritus; purificadores de agua, alimentos y medicamentos enviados por Brasil; crudo procedente de México; millones de dólares aportados por Japón para reconstruir un sistema eléctrico colapsado; toneladas de alimentos que llegan desde Venezuela. Hasta Jamaica, una isla de pocos habitantes le tira un cabo a los cubanos. La lista es larga y se repite año tras año. Cambian los donantes, cambian las crisis, pero el patrón es el mismo: Cuba no produce, pide.
Este modelo de subsistencia no es casual ni coyuntural; es la consecuencia directa de décadas de mala gestión, planificación ideológica y desprecio por la economía real. El Estado no genera riqueza, no incentiva la productividad ni garantiza condiciones mínimas para que la sociedad funcione sin muletas externas. En lugar de eso, se ha especializado en administrar la escasez y convertir la solidaridad internacional en propaganda política.
Mientras tanto, el régimen continúa estafando a sus propios trabajadores, especialmente a los de la salud, exportados como mercancía humana mientras se quedan con la mayor parte de sus salarios. Sigue exportando ideología, no soluciones; mintiendo sobre supuestos logros; y dependiendo de remesas de la emigración, ese mismo exilio al que demoniza en su discurso oficial. La paradoja es obscena: quienes huyeron del fracaso sostienen al fracaso desde fuera.
La ayuda humanitaria debería ser un puente hacia la recuperación, no un sustituto permanente de la responsabilidad estatal. Pero en La Habana la ayuda se convierte en rutina, en anestesia, en coartada. Cada donación tapa un hueco momentáneo y aplaza la pregunta esencial: ¿por qué un país con recursos humanos, naturales y geográficos sigue incapaz de garantizar agua, electricidad, alimentos y medicinas a su población?
La respuesta es incómoda pero evidente: no existe un concepto práctico de economía, ni siquiera de sobrevivencia. Solo hay un aparato de poder que se mantiene respirando gracias a la caridad internacional y al sacrificio infinito de los cubanos. No es solidaridad lo que mantiene al régimen en pie; el régimen de la’bana vive del mantengo internacional.