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El camino pasa por el Congreso: ¿por qué la anexión de Cuba se decide en Washington?

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Por Albert Fonse (9

Ottawa.- Necesitamos forzar el debate donde realmente se toman las decisiones. La anexión de Cuba a Estados Unidos se define en el Congreso. Ahí es donde se aprueban resoluciones, se construyen consensos, se negocian mayorías y se convierte una idea en política de Estado. Por eso el eje central de esta discusión deben ser los congresistas cubano americanos.

Ellos son la clave de todo. Son quienes tienen acceso directo al poder legislativo, a los comités estratégicos, a la política exterior y a los recursos necesarios para impulsar un proceso de esta magnitud. Sin su participación activa, cualquier discusión sobre el futuro de Cuba queda incompleta. Con ellos, en cambio, la anexión deja de ser una idea abstracta y pasa a ser una opción política real.

Estos congresistas deben comprender que hablar de anexión no es un riesgo, es una oportunidad histórica. Tendrían un respaldo enorme tanto del exilio como de millones de cubanos dentro de la isla que hoy no ven salida alguna. Serían actores decisivos hoy como representantes por Florida y mañana como senadores o figuras centrales de una Cuba anexada, estable y con futuro.

Lo que garantiza la anexión

Muchas personas me piden que publique un plan técnico de anexión, pero ahí existe una confusión de fondo. La ingeniería legal, constitucional y diplomática no me corresponde a mí ni al activismo político. Esa tarea pertenece a quienes dominan esos procesos y tienen capacidad institucional para ejecutarlos. Esos conocimientos, esos recursos y ese poder están concentrados en el Congreso de los Estados Unidos.

Ahí entran nombres concretos como Mario Díaz Balart y Carlos Giménez, congresistas con experiencia, peso político y conocimiento profundo del caso cubano. Sumado al as, la mejor carta es el Secretario de Estado Marco Rubio, cuya influencia en política exterior y entendimiento estratégico del conflicto cubano pueden convertir esta idea en una opción viable dentro del poder estadounidense. Si ellos asumen esta causa y la hacen propia, el escenario cambia por completo.

Una Cuba anexada no es un atajo ni una provocación ideológica. Es la única solución que garantiza la eliminación definitiva del comunismo del poder, evita transiciones falsas y asegura libertades reales, Estado de derecho y prosperidad. El Congreso es el terreno decisivo. Ahí es donde debe concentrarse toda la presión política real si se quiere un futuro garantizado para Cuba.

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