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Dos fallecidos en accidente de tránsito en Jimaguayú

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Por Redacción Nacional

Camagüey.- Pasadas las siete de la noche, cuando la oscuridad ya empieza a hacer de las suyas en las carreteras cubanas, un ómnibus que trasladaba trabajadores de la Zona Especial de Desarrollo Mariel terminó volcado en la curva de Ignacio, a la salida hacia Oriente, en el municipio camagüeyano de Jimaguayú, kilómetro 595. Otro número que se suma a la estadística del desastre vial en un país donde moverse de noche es casi un acto suicida.

Según la información preliminar del periódico Adelante, el vehículo se salió de la carretera por causas que —como casi siempre— todavía no se explican. El saldo hasta el momento es trágico: dos personas fallecidas, entre ellas un menor de edad, y al menos 23 heridos, cinco en estado grave. Algunos pasajeros lograron salir por sus propios medios, ilesos, mientras otros quedaron atrapados entre hierros retorcidos, esperando auxilio.

Fuerzas del Ministerio del Interior llegaron al lugar para las labores de rescate, en una escena ya demasiado conocida para los cubanos: linternas, sirenas, improvisación y tensión. El Hospital Docente Provincial Manuel Ascunce y otros centros asistenciales de la zona activaron sus protocolos para recibir a los lesionados, en un sistema de salud colapsado que funciona a empujones cuando ocurre una desgracia de este calibre.

Como manda el manual, también hicieron acto de presencia las autoridades del Partido, el Gobierno, el Minint y la Defensa Civil. Todos “en el lugar”, todos “pendientes”, todos para la foto y la nota oficial. Nadie habla del estado real de las carreteras, del agotamiento de los choferes, de los ómnibus en condiciones deplorables ni de la falta de mantenimiento sistemático. Eso nunca entra en el parte informativo.

Este accidente no es un hecho aislado, es consecuencia directa del abandono, la desidia y la miseria estructural en la que se mueve el país. Trabajadores que regresan cansados, carreteras mal iluminadas, transporte obsoleto y un Estado que solo reacciona cuando ya hay muertos. Mañana el ómnibus será retirado, la vía reabierta y el silencio volverá a ocupar su lugar. Las víctimas, como siempre, quedarán para el recuerdo y para una estadística que no cambia nada.

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