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Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- Dólar o muerte. Ese parece ser el nuevo eslogan nacional. El socialismo cubano, tan “antiimperialista” él, ahora se arrodilla ante el USD con una devoción que ya la quisiera cualquier iglesia.
A las tiendas en dólares —esas que todos conocemos y nadie puede pagar— ahora se suma la nueva joya del gobierno: el turismo. Porque claro, el turismo trae dólares, y los dólares son la nueva ideología oficial. El resto es puro decorado.
Mientras tanto, el cubano común, ese que ya no tiene servicios, ni medicinas, ni comida, ni paciencia, podrá disfrutar del espectáculo gratuito de ver turistas comiendo langosta y paseándose en autobuses con aire acondicionado. Todo un privilegio.
Ellos, por supuesto, caminarán kilómetros para llegar a un trabajo que ya ni siquiera funciona como trabajo. Pero bueno, caminar es saludable, ¿no?
El socialismo cubano ha logrado su máxima evolución: convertirse en un sistema que idolatra el dólar mientras predica que el dólar es el enemigo. Coherencia ante todo.
La última genialidad: vender combustible únicamente en USD. Una medida “revolucionaria”, sí, pero solo en el sentido de que revuelve el estómago. El peso cubano ya no vale ni para hacer avioncitos de papel, así que ahora toca pagar gasolina en la moneda del “imperio”.
Y cuando la inflación se dispare aún más, tranquilos: siempre queda el recurso de culpar al bloqueo. Ese es el comodín eterno, el comodín premium.
Prepárense para ver cómo el USD y el euro siguen subiendo.
El gobierno, por supuesto, seguirá acumulando dólares como si fueran estampitas sagradas. No vaya a ser que se queden sin fondos para sus viajes, sus hoteles y sus maletas bien llenas.
Cuba ya no es un país: es un bi-país, una bi-sociedad.
Por un lado, la élite gobernante, rodeada de dólares, blindada contra la inflación y practicando un neoliberalismo tan feroz que haría sonrojar a cualquier Chicago Boy. Por el otro, el pueblo, que observa la opulencia desde la acera, como quien mira un escaparate sabiendo que jamás podrá entrar.
Los enfermos seguirán esperando cirugías porque “no hay recursos”. Habría que ver si en el Cira García o el CIMEC también “faltan recursos”.
Los estudiantes serán enviados a cursos por Internet, aunque nadie explica cómo se estudia sin electricidad. Quizás el plan sea que aprendan por ósmosis.
Los parques solares cambiarán el paisaje, sí, pero la pregunta es si cambiarán algo más que el paisaje. Porque el déficit energético sigue creciendo como si tuviera vida propia.
¿Hasta cuándo estaremos así? Difícil saberlo, dependerá de que la necesidad supere al miedo y de que Trump elimine los viajes y las remesas. Solo entonces habría una oportunidad de arrancar este “cáncer dolarizado” y empezar a ver una mejora real.
El pueblo cubano tiene la decisión y Trump el apoyo.