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Por Anette Espinosa ()
La Habana.- El impuesto presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, cerró rotundamente la puerta a la posibilidad de negociar bajo los términos planteados por la administración del presidente estadounidense Donald Trump, al reiterar que cualquier diálogo debe realizarse «sin presiones» y sin abordar lo que La Habana considera injerencia en sus asuntos internos.
En declaraciones a la prensa este jueves, pero grabadas desde el día anterior y en espera de Raúl Castro lo aprobara, el mandatario cubano endureció la postura de su gobierno al afirmar que la posición de la isla hacia Estados Unidos «la trazó Fidel Castro y la siguió Raúl Castro», enfatizando la continuidad de una línea histórica que rechaza condicionamientos externos.
«Nuestra posición es también de continuidad y yo creo que es posible», dijo Díaz-Canel, quien sin embargo no ofreció señales concretas de flexibilidad. Sus comentarios representan un rechazo directo al enfoque de máxima presión de Washington, que busca vincular cualquier avance diplomático a concesiones en materia de derechos humanos y cambios políticos dentro de la isla.
El presidente cubano insistió en que Cuba está dispuesta a conversar, pero solo «en una situación de iguales, en una posición de respeto». Esta postura choca frontalmente con la estrategia actual de la Casa Blanca, que ha recrudecido sanciones económicas y restricciones de viaje con el objetivo declarado de forzar un cambio de régimen.
«No odiamos al pueblo de Estados Unidos», afirmó Díaz-Canel en un gesto dirigido a la opinión pública norteamericana. «De un diálogo como ese pudieran salir beneficios mutuos para ambas naciones».
Sin embargo, la rigidez de sus condiciones —particularmente la negativa a discutir lo que califica como «asuntos internos»— hace improbable cualquier avance diplomático a corto plazo. Esta postura deja a la población cubana atrapada en medio de una escalada que ya muestra consecuencias graves en la economía doméstica, afectada por una severa crisis energética y desabastecimiento.
La administración Trump, que ha revertido la política de acercamiento iniciada por Joe Biden, ha mostrado escaso interés en un diálogo sin concesiones previas por parte de Cuba. La insistencia de Díaz-Canel en mantener la línea histórica del castrismo sugiere que La Habana está dispuesta a soportar mayores penalidades económicas antes que ceder en lo que considera principios fundamentales de su soberanía.
El enfrentamiento verbal ocurre en un momento particularmente delicado, con la economía cubana golpeada por el endurecimiento de la presión estadounidense y la pérdida de apoyo petrolero desde Venezuela. Las declaraciones de Díaz-Canel apuntan a una prolongación del estancamiento bilateral, con pocas perspectivas de alivio para una población que enfrenta crecientes dificultades en su vida cotidiana.
Ahora toca esperar a lo que digan Trump y Marco Rubio en las próximas horas, porque estas declaraciones no deben haber caído nada bien en el entorno de la Casa Blanca.