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De Manchester a Múnich: la renta del halcón y el último baile del profeta sin entrenamiento

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Por Yoyo Malagón ()

Manchester.- Llegar a Manchester y que lo primero que te cuenten es que el equipo local no ha entrenado. No, no es que hayan hecho un entrenamiento suave, de esos de estirar y jugar al rondo. Es que no han pisado el césped. El día antes de una final, de una de esas noches en las que el Etihad debería ser un volcán, Pep Guardiola ha mirado el calendario, ha visto la acumulación de viajes —Madrid, Londres, otra vez Manchester— y ha dicho: «hoy no puedo hacer nada». Y uno piensa: igual es genial, igual es una estrategia de sabio, o igual es que el City está más para la camilla que para la remontada.

Porque lo que tienen que remontar es casi una obra de arte firmada por Federico Valverde. Tres goles en la ida. Un triplete de esos que ya forman parte de la leyenda del Bernabéu, de los que Carlo Ancelotti celebra con un mensaje de texto cargado de retranca italiana: «Es una pena que no tengas pasaporte brasileño». Lo dijo el que sabe, el que le prometió retirarse si el uruguayo llegaba a diez goles. Pues ya van más de diez, y el fútbol sigue girando. El ‘halcón’ vuela, y lo hace con el brazalete de capitán, con la autoridad de quien no se esconde.

Ahora, en el Etihad, Guardiola necesita un partido perfecto. Lo ha dicho él mismo, y eso que en sus palabras se notaba esa mezcla de confianza y escepticismo que da la experiencia. Sabe que su equipo no es el de otros años, que Haaland no apareció en la ida, que Donnarumma es un coladero por momentos, y que enfrente tiene a un Madrid que, como siempre, saca petróleo de donde nadie lo espera. Porque no estaba Mbappé, ni Bellingham, ni Rodrygo, y aún así les endosaron un 3-0 . Ahora, con la vuelta de los dos cracks a la convocatoria, la cosa promete . Pero ojo, que Arbeloa ya ha dicho que Bellingham no jugará. O eso dice. Con el Madrid, ya se sabe, las medias verdades son parte del guion.

Los estilos, la pizarra… los hombres

El partido es un duelo de estilos, pero también de pizarras. Por un lado, Guardiola, que se agarra a la historia —él tiene un buen registro contra el Madrid, 14 victorias, 9 derrotas— pero también sabe que la estadística le juega en contra: nadie ha remontado un 3-0 al Madrid en competición europea . Por otro, Arbeloa, el novato que ha ganado sus tres primeros partidos de eliminatoria, igualando a un tal Ancelotti, y que ahora busca el pase a cuartos con la tranquilidad del que tiene colchón. El que gane aquí, se verá las caras con el Bayern de Múnich, otra vez con la vuelta fuera de casa. El calendario no perdona.

Bernardo Silva, con esa cara de niño bueno que tiene, ha salido a decir que todo puede pasar, que ellos ya han vivido remontadas, que el Madrid es el rey de Europa pero que en su casa ellos son fuertes. Y es verdad, el fútbol es caprichoso. Pero también lo es que cuando el Madrid tiene una renta de tres goles, los rivales suelen estrellarse una y otra vez. La historia, los datos, la mística… todo juega a favor de los blancos. Lo único que juega en contra es la lógica. Pero en Champions, la lógica es un decorado que se cae a pedazos cuando el balón echa a rodar.

Y mientras tanto, Múnich espera. Allí, el Bayern ya se frota las manos pensando en una eliminatoria que, pase quien pase, será un caramelo. Pero eso es otro cantar. Ahora toca Manchester, toca ver si Guardiola acierta con su día de descanso, si Valverde vuelve a ser ese titán que lo cubre todo, si el City es capaz de hacer cinco goles en una noche de locura. Lo veremos. Porque el fútbol, queridos, es una tómbola. Pero el Madrid, en esto de las tómbolas, siempre tiene más papeletas.

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