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Hay hombres que buscan atención. Y hay otros que la obtienen simplemente quedándose inmóviles.
David Hampson no grita consignas. No discute. No explica. Se para en medio de la carretera… y guarda silencio.
El tráfico se detiene. Las bocinas suenan. La policía llega. Él no dice una palabra.
La prensa lo bautizó como “el hombre silencioso”. Un ciudadano británico arrestado una y otra vez por bloquear vías públicas. El patrón siempre es el mismo: se planta en el asfalto, permanece quieto y cuando lo detienen, no habla. Ni ante los agentes. Ni ante el juez. Incluso, ni ante su propio abogado.
Cuando lo liberan, vuelve a hacerlo. No hay manifiesto. Yo hay pancarta. No hay discurso político claro. Solo silencio.
El tribunal intentó comprenderlo. Ordenó una evaluación psiquiátrica. Quizá pensaron que su conducta escondía una condición clínica. Pero Hampson también guardó silencio frente al médico designado. Sin entrevista, no hubo diagnóstico posible.
Se revisó su historial médico. El informe fue frío y preciso: su mutismo es selectivo y deliberado. No hay evidencia suficiente para establecer una patología psiquiátrica definida.
En agosto de 2022 fue condenado a tres años y medio de prisión.
Y aun así, el enigma persiste.
En una época donde todos opinan, justifican y transmiten en tiempo real, él eligió lo contrario: la negación absoluta de la palabra.
A veces el ruido no es lo que altera el orden. A veces es el silencio.