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Cuba, Orión y sus dos supergigantes

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Por Javier Bobadilla ()

La Habana.- En el cielo puedo ver a Orión y sus dos supergigantes.

Si pusiéramos la estrella Rigel en el centro del Sistema Solar, su superficie llegaría hasta Mercurio, lo desintegraría solamente con su fuerza de gravedad, y al resto de los planetas los quemaría hasta el núcleo con una luz blanco-azulada 100 000 veces más potente que la del Sol.

Piénsatelo mejor, la próxima vez que pidas que te bajen una estrella azul.

Si pusiéramos a Betelgueuse, se tragaría a Mercurio, Venus, La Tierra, Marte y al cinturón de asteroides completo, sin hacer ni una salpicadura.

Veo, incluso, como se mueve en la bóveda celeste. Todo es cuestión de paciencia. Y de bajar la velocidad. De abandonar este plano de la realidad a través de la velocidad.

No pienses que me voy a ninguna parte. Yo soy un escritor de obituarios, redactor de esquelas, agricultor de tierra de cementerio. Tengo que entender mejor a la muerte que a la vida. Tengo que respirar solo una vez mientras tú respiras dos, tres, cuatro.

El 24 nos acostamos sin comer. Decidimos hibernar el apagón, y la corriente vino de madrugada. A las dos de la mañana nos comimos un pan con algo salido de una lata, y volvimos a dormir. A mi mamá le dolió, de una cierta forma que no comparto, pero puedo entender.

Comer mal un 24 de Diciembre, puede ser. No comer en lo absoluto, es una experiencia totalmente nueva. Y duele entender que la vida se va a parecer cada vez más a la muerte.

¿La locura fue la forma de conservar la cordura? La muerte será la forma de conservar la vida.

¿Los muertos de Venezuela? Es deber del gobierno honrarlos. Ellos los mandaron a morir, por un motivo particularmente indigno. Ahora tienen una deuda que cumplir, aunque implique reconocer que Cuba ha sido el centro de todas las intrigas latinoamericanas desde el 1959 hasta ahora.

Tampoco es que esos gordos con guayabera puedan entender el honor como un soldado, pero entienden el peligro de negar a sus propios soldados, ahora que lo único que lo separa del desastre son esos mismos oficiales de la inteligencia y la contrainteligencia.

Muertos. Todos están muertos. Los gordos también. Y nosotros también, pero con una sonrisa.

Yo no he tenido tiempo de escribir. No escampa. Nada es objetivo. Nada pasó, nada es verdad, nada es mentira. Detenido en el tiempo, veré lo que no sea verdad diluirse en el devenir.

A Venezuela todavía no la liberan. Cuando vean volver a los médicos, esa será la señal. Mientras queden los médicos cubanos allá, va a ser una Arabia Saudita Tropical, dictadura con muuuuuuucho petróleo, favorable a los EEUU. Ahora es una Dictadura Nueva, cazando jefes de la Dictadura Vieja, y contradiciéndose todos los días.

No hay muchas otras formas de hacerlo. Nunca confundas con amigo al enemigo de tu enemigo. El enemigo de tu enemigo es solo eso, el enemigo de tu enemigo. No tienes que quererlo, tiene que ser útil, y después tienes que saber mantenerlo a una distancia segura, y del lado de allá del filo de la espada.

Pero con una sonrisa.

Un día el Sol crecerá y se tragará La Tierra, y con ella todas nuestras insignificantes luchas, aspiraciones y miedos. El plasma incandescente lo purificará todo con su gloria.

Cuando el enemigo de tu enemigo es más débil que tú, es fácil hacerlo a un lado después que ha sido útil. Cuando es mucho más fuerte, tienes que maniobrar alrededor de él. Dejarle la posición cómoda para que entre a matar, y que quede después en una posición incómoda. No es nada personal.

Además, Trump no te entiende si no lo haces así. No te respeta si no eres un depredador. No le interesa alguien de quien no tenga que cuidarse.

Esto se lo digo a la Oposición. El gobierno ya está perdido, no hay consejo que darle. Pero la Oposición tiene una oportunidad, y es volviéndose un jugador real.

Me van a decir que más real que María Corina, difícil, y mírala donde terminó.

Y yo les repetiré lo mismo que vengo diciendo hace 5 años. María Corina no está en Venezuela. Por las razones que sean, pero no está. En Venezuela está el pueblo esperando a ver qué va a pasar con ellos, y esa es la peor posición que pueden tener en este momento.

La misma que hemos tenido siempre nosotros, por cierto. A estas alturas, deberíamos entender que no funciona.

Más claramente, porque ya me cansé de las estrellas y las metáforas, y quiero acabar de escribir esto, que llevo una semana tratando de terminarlo, y lo he tenido que reescribir 3 veces.

Van a venir Trump y Marco Rubio. Le van a meter el pie a todo el mundo, y todos se lo van a dejar meter, de cajón, porque aquí abusadores se sobran, pero valiente, no hay nadie. DC va a desaparecer de la faz de la galaxia, y Bruno va a estar más calladito que estate quieto, sin condenar nada. Un par de meses después, vamos a ser súbditos del Sobrino Nieto, y todos como si nada, quizá con corriente y comida, pero siempre sin país.

A Marco Rubio puede que le importe un poco más, pero a Trump seguro estoy de que se la suda en 4K. No le va a importar porque somos un país de gente que llora bajito por los rincones, y espera que las cosas «se arreglen» sin buscarse el problema ni pagar el precio, y eso, a él, le da risa. Y Trump es el jefe de Marco Rubio. Y cuando Marco Rubio sea presidente, ya el problema va a ser otro, en otra parte del mundo, y vamos a seguir sin importar.

La única razón por la que los imbéciles en el poder siguen en el poder y tienen aliados, es porque son lo único que hay. Trump no los respeta, Putin no los respeta, Xi Jinping no los respeta. Cualquiera de estos tres estaría más que feliz de que en Cuba hubiera un gobierno medianamente coherente.

Esto no es Venezuela. El petróleo de Cuba es el turismo, que es mucho más lento y requiere de más inversión. No hay acuerdos a los que llegar. No tenemos las cartas, nos dirá Trump.

Así que, no sé si me entendieron: El futuro de Cuba está en nuestras manos. Trump es el motor, pero el timón tiene que ser nuestro. Lograrlo requiere inteligencia, pero más que eso, requiere el valor de enfrentarse al cambio.

Más claro todavía: Me avisan si lo que quieren es ser el pasivo de la relación, para quitarme, porque yo en esa no voy.

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