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Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- Cuba no necesita un ejército sobredimensionado, ni un Ministerio del Interior dedicado a vigilar y castigar a sus propios ciudadanos. Mucho menos necesita un aparato represivo diseñado para garantizar la “seguridad del Estado” mientras la inseguridad real, la del hambre, la miseria, la falta de futuro, se cierne sobre millones de cubanos.
La verdadera seguridad de una nación no se sostiene con porras, cárceles ni miedo. Se sostiene con prosperidad, oportunidades y bienestar. Cada peso gastado en mantener un régimen aferrado al poder es un peso que se le arrebata a la salud, a la educación, a la vivienda, al transporte y al desarrollo económico. Esos recursos, hoy dilapidados en controlar, deberían transformarse en inversiones sociales que permitan a los cubanos vivir con dignidad y esperanza.
Los cubanos no necesitan a estos plátanos verdes, ni necesita más consignas, ni más uniformes en las calles, míralos bien en la portada de este tema, son el hazmerreír del ridículo. Los cubanos necesitan libertad. Libertad para pensar, para expresarse, para emprender, para asociarse y para disentir sin temor. Necesitan la posibilidad real de escoger a sus líderes entre múltiples corrientes de ideas, no entre candidatos impuestos por un solo partido. Necesitan democracia, alternancia y respeto a la voluntad popular.
Un país no se construye contra su gente, sino con su gente. Mientras el poder siga creyendo que la estabilidad se logra reprimiendo, el resultado será más pobreza, más éxodo y más frustración. La prosperidad no nace del control, nace de la libertad. Y solo cuando los cubanos puedan decidir su propio destino, sin miedo y sin tutelas, Cuba tendrá la seguridad verdadera que hoy tanto se le niega.