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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Mírenlo bien. Ahí está el retrato de la Cuba de hoy: un adolescente negro, todavía un niño, con una cadena gruesa al cuello como si fuera un perro rabioso. Lo atraparon por robar una cartera y una bicicleta. Los vecinos lo rodearon, le pusieron la cadena y esperan. Esperan a una policía que, según el video, algunos ya dan por perdida. «Total, ahora la policía se lo lleva y al rato lo suelta», dice una voz. Y esa frase lo explica todo.

El episodio ocurrió en el Reparto Roberto Reyes, en Bayamo, Granma. El muchacho, según el reporte, le arrebató la cartera a una señora y se robó una bicicleta. Lo agarraron entre vecinos y transeúntes. Y en vez de llamar a las autoridades y esperar sentados, hicieron lo que hacen los pueblos cuando el Estado no funciona: tomaron la justicia por su mano. Le echaron una cadena al cuello. No para matarlo. Para que no se escape. Para que alguien, en algún momento, haga algo.

La imagen es brutal, y no solo por la cadena. Es brutal porque muestra el hartazgo. Porque esos vecinos no son verdugos: son gente cansada de que les roben y de que nadie haga nada. En Cuba, la delincuencia se ha desbordado. Robos, atracos, arrebatos, crímenes. Y los autores cada vez son más jóvenes. Niños que deberían estar en la escuela andan en la calle, arrebatando carteras y robando bicicletas, porque el sistema que debía protegerlos los soltó hace años.

La historia detrás de la foto (CII)

La Cuba de hoy

Y mientras tanto, ¿dónde está el Estado? Presto a perseguir opositores. Rápido para montar un expediente por «desacato» o por «ultraje». Eficiente para vigilar a quien piensa distinto. Pero para un robo, para un atraco, para un niño con una cadena al cuello esperando a que llegue una patrulla que quizá no llegue, el Estado brilla por su ausencia. La policía no está para proteger al ciudadano. Está para proteger al régimen.

Y el resultado es este: un niño con cadena, una señora sin cartera, una bicicleta robada y un grupo de vecinos que ya no creen en nada. Porque saben que si la policía aparece, el muchacho vuelve a la calle en dos días. Y si no aparece, la cadena seguirá ahí, apretando, mientras el barrio entero mira y se pregunta hasta cuándo. Hasta cuándo el abandono. Hasta cuándo la impunidad. Hasta cuándo un niño negro con una cadena al cuello será la foto que resuma este país.

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