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Por Redacción Nacional
La Habana.- Cuba amaneció este 25 de diciembre sumida en la oscuridad. Mientras medio mundo celebra la Navidad con mesas llenas y luces encendidas, la Isla enfrenta apagones durante toda la jornada, con afectaciones que en el horario pico dejarán sin electricidad a cerca del 60 % del país.
La información, confirmada por la Unión Eléctrica (UNE), en lo que constituye una de las tasas más altas registradas en los últimos meses y una radiografía brutal de la crisis energética que no da tregua.
Según los datos oficiales, la capacidad de generación prevista para el horario de mayor demanda apenas alcanzará los 1.365 megavatios, frente a una demanda estimada de 3.300 MW. El déficit rondará los 1.935 MW y la afectación real llegará a los 1.965 MW, cifras que explican por qué la Navidad cubana vuelve a vivirse entre velas, calor y desesperación. No es un accidente ni una coyuntura aislada: es el resultado de un sistema colapsado.
Actualmente, la mitad de las unidades termoeléctricas del país están fuera de servicio por averías o mantenimientos prolongados. Estas plantas, obsoletas y mal atendidas durante décadas, aportan alrededor del 40 % del mix energético nacional. A esto se suma la paralización de 62 centrales de generación distribuida y los motores de Moa por falta de combustible, además de otros equipos detenidos por ausencia de lubricantes. Otro 40 % del sistema energético, simplemente, no funciona.
Expertos independientes coinciden en que la raíz del problema está en la infrafinanciación crónica de un sector controlado completamente por el Estado desde 1959. El Gobierno, por su parte, insiste en culpar a las sanciones estadounidenses y habla de “asfixia energética”, aunque evita asumir responsabilidades por la mala gestión, la falta de mantenimiento y la dependencia absoluta de importaciones que no puede pagar.
Las consecuencias van mucho más allá de la falta de luz. Los apagones prolongados han golpeado con fuerza a una economía que se ha contraído más de un 11 % en los últimos cinco años y que volverá a cerrar en números rojos. También han sido el detonante de las protestas más importantes del último lustro. En Cuba, la oscuridad ya no es solo eléctrica: es económica, social y política. Y ni siquiera la Navidad logra disimularlo.