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Cuba, el “Jurassic Park” del Partido Demócrata

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Por Luis Alberto Ramire ()

Miami.- Las declaraciones del senador Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado de Estados Unidos, revelan algo más que una discrepancia coyuntural. Schumer dijo estar “muy, muy decepcionado” por las respuestas de la Administración estadounidense, en voz del secretario de Estado Marco Rubio, ante la sola posibilidad de considerar opciones militares respecto a Cuba. Pero el escándalo no es el comentario en sí; lo verdaderamente revelador es el reflejo político que activa: para buena parte del Partido Demócrata, Cuba sigue siendo una reliquia intocable, un auténtico “Jurassic Park” del Caribe.

En esa visión, la isla no es un país sometido desde hace más de seis décadas a un régimen autoritario, sino un fósil ideológico que debe preservarse, pase lo que pase. No importan los atropellos sistemáticos a los derechos humanos, la represión, los presos políticos, el colapso económico o el éxodo masivo. Para muchos demócratas, el castrismo es una pieza de museo que no se toca, aunque su conservación cueste sufrimiento humano y crisis regionales.

El patrón se repite. Las grandes crisis migratorias cubanas, del Mariel a los balseros, y ahora la diáspora sin precedentes, han estallado bajo administraciones demócratas. Y, sin embargo, el régimen de La Habana ha salido una y otra vez airoso, beneficiado por concesiones, alivios y una indulgencia política que se presenta como “desinteresada”, pero que en la práctica refuerza el statu quo. El resultado es predecible: el poder no paga costos, y la población sí.

Por eso sorprende poco que Schumer “ponga el grito en el cielo” ante un comentario del secretario de Estado. No se trató de una declaración de guerra, ni de una acción concreta, sino de una respuesta abierta sobre escenarios hipotéticos. Aun así, la reacción fue inmediata y desproporcionada, como si mencionar a Cuba fuera profanar un santuario ideológico.

El problema de fondo no es el debate sobre opciones militares, que siempre debe ser serio y responsable, sino la negativa a discutir cualquier presión real sobre un régimen que no ha mostrado la menor voluntad de cambio. Blindar a Cuba de toda consecuencia, por temor a romper un mito político, no es pragmatismo: es complicidad pasiva.

Mientras el Partido Demócrata siga tratando a Cuba como un parque jurásico que debe conservarse intacto, los dinosaurios del poder seguirán gobernando sin rendir cuentas, y los cubanos seguirán pagando el precio. La indignación selectiva de Schumer no defiende la paz ni la diplomacia; defiende una inercia que ha demostrado, una y otra vez, ser funcional a la dictadura.

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