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Cuba despide el año con un país apagado

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Por Oscar Durán

La Habana.- Último día del año. El mundo entero se prepara para brindar, para abrazarse, para cerrar ciclos con una copa en la mano y una ilusión —aunque sea mínima— en el bolsillo. Cuba, en cambio, despedirá el año a oscuras. No es una metáfora ni una exageración: la dictadura tendrá apagado, de manera simultánea, al 42 % del país en el horario más sensible de la noche. Vergüenza es la palabra más decente que se puede usar para describir este escenario.

La propia Unión Eléctrica, con su lenguaje tecnocrático y anestesiante, reconoce que durante el pico nocturno la demanda superará con creces la capacidad real de generación. Más de 1.300 megavatios serán desconectados “de manera planificada”, como si planificar la miseria la hiciera menos miserable. Seis de las dieciséis unidades termoeléctricas están fuera de servicio, averiadas o en mantenimiento eterno, mientras el sistema se sostiene con alfileres oxidados y discursos reciclados.

El cuento oficial vuelve a ser el mismo de siempre: combustible que no llega, barcos que no pueden atracar, sanciones que aprietan. Ahora se suma la presión estadounidense sobre los tanqueros venezolanos, el salvavidas energético de un régimen que ya no produce ni excusas originales. Pero la verdad, esa que no sale en el Noticiero, es que el sistema eléctrico cubano lleva décadas de abandono, de parches chapuceros y de una infrafinanciación criminal gestionada por un Estado incapaz de administrar ni una linterna.

Un país roto

Los expertos —los que todavía se atreven a hablar— calculan que harían falta entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para rescatar el sistema eléctrico nacional. Una cifra astronómica para un país cuya economía se ha contraído un 11 % en cinco años y cerrará este con números rojos. Los apagones no solo apagan bombillos: paralizan fábricas, destruyen alimentos, enferman a la gente y han sido el detonante de las protestas más grandes que ha vivido la isla en el último lustro.

Así llega Cuba al último día del año: oscura, cansada, empobrecida y gobernada por una casta que sigue hablando de resistencia mientras el país se les cae a pedazos. Mientras en otras latitudes el año nuevo entra con fuegos artificiales, aquí entra con velas, con calor, con rabia y con la certeza de que nada va a cambiar si los mismos responsables siguen sentados en el poder. Brindar a oscuras no es romanticismo: es el retrato exacto del fracaso.

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