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Por Ajedrez al 100
La Habana.- No existe un video completo ni una sesión grabada oficialmente, pero sí existen testimonios directos, memorias, entrevistas y relatos de grandes maestros que confirman lo que ocurría cuando Mikhail Tal, Garry Kasparov y Anatoly Karpov coincidían para analizar partidas y posiciones: el ajedrez entraba en una zona de tensión intelectual extrema.
No era una reunión amistosa. Era una colisión de tres formas opuestas de entender la verdad en el tablero.
Tal llegaba primero al corazón de la posición. No analizaba largas variantes iniciales; sacrificaba mentalmente. Proponía ideas que violaban principios clásicos y obligaba a los demás a demostrar, no a opinar. Muchos relatos coinciden en que Tal lanzaba combinaciones “incorrectas” solo para ver hasta dónde resistía la lógica ajena.
Karpov reaccionaba con frialdad quirúrgica. Mientras Tal incendiaba el tablero, Karpov apagaba fuegos uno por uno, buscando el punto exacto donde el ataque perdía sustancia. Testimonios de entrenadores soviéticos señalan que Karpov rara vez levantaba la voz, pero cuando encontraba una refutación, lo hacía con una precisión que dejaba el ambiente en silencio.
Kasparov, más joven que Tal y rival histórico de Karpov, absorbía ambos mundos. En estas sesiones —especialmente en concentraciones soviéticas y análisis colectivos de alto nivel— Kasparov aceleraba el análisis, profundizaba líneas durante horas y empujaba las posiciones al límite computacional… antes de que existieran las computadoras modernas. Él mismo ha reconocido en entrevistas que estudiar con Tal le enseñó a no temer al riesgo, y analizar contra Karpov le enseñó a no equivocarse bajo presión.
Lo que ocurría entonces no era solo análisis técnico.
Era psicología pura.
Tal buscaba provocar dudas.
Karpov buscaba estabilidad absoluta.
Kasparov buscaba dominación total del tablero.
Fuentes históricas coinciden en un detalle inquietante: muchas de las ideas que surgían en esas sesiones jamás se jugaban en público. Eran demasiado arriesgadas, demasiado profundas o demasiado adelantadas a su tiempo. Algunas reaparecieron años después en partidas de campeonatos mundiales, firmadas por uno… pero nacidas del choque entre los tres.
Cuando Tal, Kasparov y Karpov estudiaban juntos, no se trataba de encontrar “la mejor jugada”.
Se trataba de descubrir quién entendía mejor el alma de la posición.
Y eso explica por qué, décadas después, sus estilos siguen dividiendo opiniones.