Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Cuando la ideología se vuelve amenaza: por qué Trump apunta a la Hermandad Musulmana

Comparte esta noticia

Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- La reciente decisión de Donald Trump de iniciar el proceso para declarar a varias ramas de la Hermandad Musulmana como organizaciones terroristas no es un gesto impulsivo ni un acto simbólico: es un movimiento calculado que responde a un problema largamente ignorado por la comunidad internacional.

La Hermandad —un entramado ideológico que opera desde hace casi un siglo— ha logrado presentarse en algunos países como fuerza política moderada, mientras mantiene conexiones, afinidades y vasos comunicantes con movimientos extremistas responsables de violencia y desestabilización.

La orden ejecutiva de Trump instruye al Departamento de Estado y al Tesoro a evaluar con lupa a las filiales de Egipto, Líbano y Jordania. ¿La razón? Existen indicios sólidos de apoyo logístico, doctrinal o político a grupos directamente involucrados en terrorismo, incluyendo a Hamás. Tras los ataques del 7 de octubre de 2023, la rama libanesa no solo defendió los actos violentos: los celebró como “resistencia”, revelando una cercanía ideológica incompatible con la estabilidad regional.

Lo que Trump hace ahora es reconocer algo que muchos gobiernos árabes ya habían concluido: la Hermandad no es un partido más. Es una matriz doctrinal que ha servido durante décadas como caldo de cultivo del islamismo radical contemporáneo. Su influencia atraviesa mezquitas, asociaciones comunitarias, redes juveniles y organizaciones caritativas que, en algunos casos, funcionan como plataformas de captación ideológica.

Más herramientas para enfrentarla

Designarla como organización terrorista permitiría a Estados Unidos actuar con herramientas más contundentes: congelamiento de activos, bloqueo de financiamiento, restricción de viajes y persecución legal del apoyo material. Es una medida que no solo apunta al presente, sino que busca cortar las raíces de futuras redes extremistas.

Los críticos alegan que no todas las ramas de la Hermandad participan en violencia directa. Y es cierto. Pero también es cierto que esa ambigüedad —esa habilidad para mostrarse moderados en la superficie mientras incuba radicalismo en sus capas internas— ha servido para esquivar toda rendición de cuentas. Trump argumenta que una organización con esa dualidad estructural no puede seguir moviéndose en zonas grises.

El respaldo de Israel ha sido inmediato. Benjamin Netanyahu celebró la medida como un acto de realismo político: la Hermandad, dijo, es uno de los actores que más ha alimentado la inestabilidad en Oriente Medio. Ese apoyo subraya la relevancia estratégica de la decisión y su impacto en la seguridad regional.

El mensaje es claro: en un mundo donde el terrorismo se nutre de redes ideológicas más que de estructuras militares visibles, no basta con combatir a los grupos armados; hay que enfrentar también a las organizaciones que sostienen, justifican o inspiran esa violencia. Trump ha decidido hacerlo. Con esto, coloca sobre la mesa un debate impostergable: ¿puede una democracia darse el lujo de ignorar a movimientos que, bajo apariencia política, legitiman el extremismo?

La respuesta, para Trump y para quienes respaldan la medida, es un rotundo no.

Deja un comentario