
Algunas consideraciones sobre el diferendo arancelario EEUU-Canadá
Por Carlos Carballido ()
Dallas.- El conflicto arancelario entre Canadá y Estados Unidos ha escalado y a mediano y corto plazo hay un perdedor claro: el canadiense de a pie.
Lo que no acabamos de entender es que las movidas de Trump no son un capricho. Es cálculo avasallador. No entra a una pelea si ve que la puede perder. La prensa y las redes venden lo contrario. Y la regunta seria es: ¿puede Canadá salir ganando esto? Es bastante improbable y te explico:
Ya no son señales de alarde: Trump va en serio. Acaba de firmar la orden para que, en uso federal estadounidense, el lago Ontario pase a llamarse Lake America.
Llámelo teatro o soberanía cartográfica; bajo la ley de EE.UU. está dentro de las facultades del Ejecutivo sobre nomenclatura federal. No es la primera vez que ocurre.
Cape Canaveral fue Cape Kennedy entre 1963 y 1973, hasta que Florida lo revirtió. El monte McKinley pasó a Denali y de vuelta a McKinley. El Golfo de México, a Gulf of America. El mapa oficial de Washington no necesita permiso de Ottawa.
Sufre el importador canadiense
La represalia arancelaria canadiense sobre bienes estadounidenses no castiga primero a Washington. Castiga al importador canadiense.
EE.UU. tiene un mercado interno de más de 340 millones de consumidores con capacidad de absorber sobrecostos. Canadá no.
Para Canadá, las exportaciones a Estados Unidos siguen siendo del orden del 20% de su PIB. Si ese flujo se traba, una fracción grande de su economía entra en riesgo: no son solo bienes de consumo, es insumo industrial que encarece la producción nacional. Al final sí o sí lo pagará el canadiense de a pie.
Para Estados Unidos, las exportaciones a Canadá rondan el 1,5% del PIB. En una economía de casi 29 billones de dólares, el golpe se diluye. Gran parte de las empresas pueden redirigir ventas al mercado interno. No necesitan que un comprador extranjero acepte el sobrecosto.
La amenaza de cortar electricidad a EE.UU. es, en lo esencial, el otro GRAN RUIDO en este dilema.
Canadá imita a sus amigos europeos
El intercambio eléctrico entre ambos es pequeño: menos del 1% de la generación de cada lado. Lo que casi nadie te dice es que Canadá también compra electricidad a Estados Unidos —en varios meses recientes ha sido importador neto— por un valor anual de 1.600 millones de dólares americanos. Si Washington responde en la misma moneda, el pico tarifario lo sienten Ontario y Quebec, no EE.UU.
El arancel de represalia encarece y contrae el mercado interno canadiense. La intención política es golpear al exportador estadounidense pero la mecánica es otra: el que paga el arancel en primera instancia es la empresa canadiense que importa y por ley de Mercado esa pérdida solo será recuperada trasladando costos al consumidor porque a diferencia de EE.UU., no hay manera de diluirlo en capacidad de consumo reducida.
Negociar a veces obliga a ceder para no infligir un daño incosteable al propio público. En este tablero, ese público es el canadiense.
Aunque titulares y redes insistan en que quien pierde es el payaso de Trump y sus » fanáticos» seguidores, la realidad es otra muy diferente: Canada va por el mismo desfiladero del abismo en que cayeron sus amigos europeos.



















